PARTE TERCERA: MARINA DEPORTIVA (1)

CUDIA VELLA Y PUNTA DE SA GALERA (MAÓ)

Listado de las embarcaciones deportivas que aparecen registradas en este estudio por número de orden, fecha del acaecimiento y nombre de la embarcación si pudieron conseguirse sus datos:

2.1 26-10-1861 Bote

2.2 12-12-1862 MARIQUITA

2.3 22-02-1893 ZOE

2.4 12-02-1928 NETHON

2.5 28-06-1928 ANDREA

2.6 11-01-1948 DOS AMIGOS

2.7 29-04-1967 KATERINE

2.8 15-08-1969 ROUGNETA

2.9 24-10-1970 SOLARIA

2.10 15-07-1971 YUBARTA

2.11 09-11-1971 CAPICORNE SEA

2.12 30-01-1972 ROCCO

2.13 29-04-1973 Bote

2.14 09-11-1973 S.S. AMPHITRITE

2.15 07-07-1974 ELIA

2.16 23-08-1975 PERTY

2.17 16-09-1975 SOUTHERN LYON

2.18 16-09-1975 SUN-FUN

2.19 10-01-1976 ARCADIA

2.20 15-05-1976 BEGOÑA

2.21 24-05-1976 ASPARA

2.22 03-07-1977 SAGITARIO I

2.23 04-08-1977 Catamarán

2.24 13-11-1977 ORIÓN

2.25 18-07-1981 BLUE MARLIN

2.26 09-01-1982 PACO

2.27 26-03-1982 KULISKA III

2.28 25-04-1982 RALLINA

2.29 08-08-1982 Velero

2.30 14-11-1982 ORGÍA

2.31 14-11-1982 D’ORO

2.32 20-04-1983 SENY

2.33 10-09-1983 VILASANA

2.34 04-10-1983 LA CHIMÈRE

2.35 31-03-1985 CATS PAW

2.36 05-07-1985 PRINCE V

2.38 09-07-1986 IDEFIX

2.39 08-06-1987 BEAR BEAR

2.40 03-08-1987 SONARA

2.41 07-08-1987 AQUILLON

2.42 13-11-1987 JUMA

2.43 28-11-1987 COLOMBAIO

2.44 08-02-1988 PERITAJE

2.45 05-08-1988 FIDES

2.46 31-08-1990 CALIPSO

2.47 01-10-1990 RESTERA

2.48 27-03-1992 TRES HERMANOS

2.49 05-08-1992 Velero

2.50 25-11-1992 Lancha

2.51 29-07-1993 MERCURY SUN

2.52 31-07-1993 FLYNG CLOUD

2.53 25-08-1993 FAVORITA

2.54 01-01-1994 ALTHEA

2.55 11-06-1994 ARGONAVIS

2.56 26-06-1994 AFRODITA

2.57 01-11-1994 TEXAS WIND

2.58 01-11-1995 Velero

2.60 04-08-1995 NASTI DE PLASTY

2.61 06-08-1995 PANORAMIX

2.62 28-08-1995 LA NICOLASA

2.63 15-09-1995 SWING

2.64 03-10-1995 Bote

2.65 01-11-1995 PARSIFAL

2.66 04-11-1995 MAIACO II

2.67 18-02-1996 CHRISALDY

2.68 16-03-1996 ALCHEMIST

2.69 31-03-1996 DESITJAT

2.70 16-04-1996 DERNILI III

2.71 08-05-1996 EMMA MAE II

2.72 04-06-1996 IPANEMA

2.73 04-06-1996 JOLYCOCO TOO

2.74 02-07-1996 PETIT CHOSE

2.75 07-07-1996 ORION

2.76 07-07-1996 SONIC III

2.77 07-07-1996 TATAI

2.78 11-07-1996 VATU

2.79 05-08-1996 REPÁNGANO III

2.80 09-08-1996 Lancha

2.81 14-08-1996 MARÍA LUISA PRIMERO

2.82 15-08-1996 CLARK

2.83 16-08-1996 MICKY

2.84 20-08-1996 ALOISIUS y GITANO

2.85 26-08-1996 SAITY

2.86 01-09-1996 OLINVIA

2.87 03-09-1996 AMANDA

2.88 17-09-1996 SABBINA

2.89 11-09-1996 CATERINA II

2.90 03-01-1997 NADJA

2.91 22-07-1997 FARANDELE

2.92 27-06-1997 GHNDWANA

2.93 23-07-1997 ALIMER 2

2.94 02-08-1997 CRISTINA F

2.95 09-08-1997 ESTER PRIMERA

2.96 10-08-1997 GRESCA I

2.97 28-08-1997 ENZO

2.98 01-09-1997 BELLE EPOQUE

2.99 11-09-1997 ESTEL R. II

2.100 10-10-1997 LADY

2.101 13-10-1997 TIN’DA

2.102 20-10-1997 MEDOUSSA

2.103 08-11-1997 FEDERISSA

2.104 06-12-1997 SPEROLE

2.105 10-12-1997 CANTO LIBRE II

2.106 25-04-1998 DON CÉSAR

2.107 23-05-1998 MITG I MITG

2.108 22-06-1998 DRACH

2.109 22-07-1998 MITOU II

2.110 25-06-1998 MERENGUE

2.111 26-07-1998 DOLOPHA 12

2.112 09-08-1998 PATRIA

2.113 15-08-1998 CARIOCA

2.114 16-08-1998 JULIA

2.115 02-09-1998 SEM Y ZÍPORA

2.116 05-09-1998 CARLOTTA

2.117 06-09-1998 SKORPIO

2.118 10-10-1998 TOPELES

2.119 22-11-1998 SCHERZO

2.120 19-06-1999 SCICUSCIUTTI

2.121 30-06-1999 PANDORA

2.122 23-07-1999 BREAK FREE

2.123 28-07-1999 BAYACID DE BISTAM

2.124 06-08-1999 MAKI

2.125 07-08-1999 JOANNA

2.126 12-08-1999 ROCK AND ROLL

2.127 19-08-1999 TRUE LOVE

2.128 22-08-1999 PEZIÑA PRIMERO

2.129 22-08-1999 NEL

2.130 02-09-1999 CHARLOTTE

2.131 05-09-1999 SKORPION

2.132 09-09-1999 NURA

2.133 15-09-1999 VICTORIA

2.134 19-10-1999 AQUA VIVA

2.135 03-10-1999 SONIA

2-136 06-10-1999 TOY OF XENDIA

2.137 03-06-2000 EMERAUDE

2.138 22-06-2000 PAPA LANGHI

2.139 10-07-2000 PALOMINO

2.140 10-07-2000 MARIE ANNE

2.141 20-07-2000 BRIZ VONT UTOPIA

2.142 23-07-2000 AZULETE I

2.143 25-07-2000 VANIUI

2.144 29-07-2000 OBTÚS

2.145 30-07-2000 MAYJA

2.146 01-08-2000 ESCURBAI

2.147 02-08-2000 LOLA 3

2.148 04-08-2000 FLEUVER

2.149 04-08-2000 SCAPPA

2.150 05-08-2000 FETCH

2.151 09-08-2000 ALRIC II

2.152 09-08-2000 ANTISTRESS

2.153 10-08-2000 MIKOMA

2.154 11-08-2000 SAN JUDAS

2.155 19-08-2000 GAVINA

2.156 28-12-2000 LISME 3


Se recogen en el presente capítulo los acaecimientos que han tenido como protagonista a una embarcación enmarcada en la denominada Marina de Recreo. Tales son hundimientos, varadas, desapariciones, averías, etc. Como el resto de la obra, aparecen relacionados por orden cronológico, incluyéndose imágenes del acaecimiento siempre que haya sido posible recogerlas.

> 2.1 26-10-1861 Bote

A media mañana del 26 de octubre de 1861 se producía un fuerte “cap de fibló” que sorprendería a un bote que en esos momentos navegaba en las inmediaciones de la Illa del Rei. Lo hizo volcar tan súbita y violentamente que sus dos tripulantes apenas tuvieron tiempo de lograr asirse a la quilla que había quedado al sol. En esta penosa situación y arreciando aún más de cada vez el temporal, los dos hombres veían angustiados que de un momento a otro les abandonarían las fuerzas y tras el agotamiento debido a la violencia de las olas serían arrebatados de su seguro de vida que era la embarcación volcada. Por fortuna todo el episodio había sido observado desde tierra por don Valentín Terrers, contable del Hospital Militar quien, acompañado del patrón y el marinero de la falúa del centro sanitario, se dirigieron resueltamente a salvar la vida de aquellos dos hombres lo que se conseguiría tras no grandes esfuerzos en medio de un torbellino de olas y espuma. También lograron afirmar el bote naufragado, que conservaba aún todos sus efectos, y remolcarlo hasta ponerlo protegido al resguardo de la isla. Una vez desembarcados, los náufragos fueron celosamente atendidos por el funcionario y su familia, además de los empleados del centro. Después se sabría que uno de aquellos dos hombres no sabía nadar.

> 2.2 12-12-1862 “Mariquita”

El día 12 de diciembre de 1862 el yate de bandera inglesa denominado “Mariquita” embarrancaba en el Baix des Moro tras colisionar con el mismo. Poco después del mediodía de esa jornada una turbonada (“cap de fibló”, en Menorca) acompañada de fortísima lluvia, granizo y con rachas de viento de hasta fuerza 8, confirmaban la presencia de una tempestad muy seria sobre la isla de Menorca que había comenzado a manifestarse en la madrugada. La tarde había continuado con el cielo muy encapotado y, poco antes de las cinco, pareció aclararse para, inmediatamente, adquirir otra vez el viento nuevos picos de gran intensidad. La tripulación del yate “Mariquita”, que había zarpado el día anterior, vista la situación atmosférica y tras una dura y complicada navegación había conseguido virar en redondo y volver a puerto para entrar de arribada. Cuando se encontraba enfilando la bocana, tuvo la fatalidad de que la violencia de las rachas le hicieran abatir peligrosamente no pudiendo su patrón evitar dar contra el temido bajo, abriéndosele varias vías de agua que acabaron con el barco, aunque se salvó toda la tripulación y los pasajeros que se hallaban a bordo. Se da la circunstancia de que esa misma madrugada habían salido desde la Mola tres hombres embarcados en un pequeño bote cuando el tiempo había comenzado ya a refrescar. En un principio nada se sabía de la suerte que podían haber corrido y, en la mañana siguiente, corrió la noticia de que el bote había aparecido en aguas de la Platja de l’Aire (o de “Punta Prima”) y que sus ocupantes habían luchado por espacio de siete horas con la mar gruesa originada por el vendaval del N, habiendo conseguido salvarse. Como continuara la violencia del temporal, la embarcación acabó estrellada contra las rocas. A los dos días entraba en este puerto la goleta de pabellón británico denominada “Maris Stella”. Procedente de Inglaterra, de uno de cuyos puertos había zarpado para dirigirse al de Toulon, conduciendo un cargamento compuesto de carbón mineral y hierro. Tenía numerosas averías de consideración, tanto en su casco como en su velamen y había perdido todos sus botes de salvamento, decidiendo su capitán entrar en Maó de arribada forzosa. Se habían visto igualmente sorprendidos por el violento temporal referido.

> 2.3 22-02-1893 “Zoe”

En la tarde del 22 de febrero de 1893 entraba en el puerto mahonés el yate a vela de pabellón británico “Zoe”, aprovechando el viento fresco de WNW que reinaba en esos momentos. Sin embargo, tras haberle fallado la maniobra, no tardaba en encontrarse embarrancaba en la Llosa de Fora, situada frente a la Batería de la Reina Regente, del peñón de la Mola. Viajaba a bordo su propietario Mr. Oliver. En el accidente no ocurrieron afortunadamente desgracias personales, ya que se salvaría toda la tripulación y, desembarcada a tierra firme, por orden de la autoridad sanitaria quedaría inmediatamente incomunicada en el Lazareto, siguiendo las leyes sanitarias de la época, al proceder el yate de los puertos de Marsella y Toulon, los cuales estaban considerados como de “patente sospechosa” o “sucios”. Inmediatamente se procedió a salvar todos los efectos posibles existentes a bordo, puesto que el barco estaba construido en madera y se daba ya por supuesto la imposibilidad de poder reflotarlo, al habérsele abierto una importante vía de agua. El barco era portador de diversos objetos de gran valor, que fueron inmediatamente desembarcados y puestos a disposición de su propietario. Éste tendría un simpático detalle con la institución sanitaria que sería la donación de la campana del barco, la cual quedaría allí expuesta (y puede verse en la actualidad en una de las vitrinas de su museo). El transcurso de la maniobra que, tras resultar abortada daría con el barco sobre el temido bajo, fue como sigue: el viento en el momento del naufragio era fuerte de WNW, estando el cielo completamente despejado. La nave iba aparejada de pailebot e incorporaba una pequeña máquina de vapor para realizar maniobras en puerto. Desplazaba 75 toneladas e iba al mando del capitán Mr. R. B. Hall, con dotación de 10 tripulantes y viajando a bordo 2 pasajeros, que eran sus propietarios, efectuando un viaje con rumbo a Argel. Al encontrarse situados frente al puerto de Maó decidieron entrar, maniobrando a la vela a pesar del viento duro y además contrario para sus fines. Al ir a virar en las inmediaciones de la llamada Llosa de Fora, una súbita y fuerte ráfaga les impidió culminar correctamente la maniobra haciendo abatir el barco hasta dejarlo acolchado sobre el bajo. Al apercibirse del hecho desde la Fortaleza de Isabel II, sus mandos hicieron salir sin pérdida de tiempo hacia el lugar del accidente a la lancha de vapor perteneciente al arma de Ingenieros. Cuando ésta llegó junto al velero ya tenía abarloado el bote del práctico, quien también se había apercibido de la fallida del capitán en su maniobra, siendo quien anunciaría la imposibilidad de recuperar el barco por lo que urgía, dadas las condiciones meteorológicas reinantes, proceder a desembarcar a todos los que se encontraban a bordo, comenzándose primero por los equipajes y objetos de valor. Poco después se presentaba también la lancha a vapor perteneciente al Parque de Artillería ofreciendo su cooperación, embarcando en la misma a los dos pasajeros. Le seguirían otras embarcaciones que serían despachadas por el práctico al no ser necesario ya su concurso. Las embarcaciones que portaban al personal y a los equipajes se dirigieron hacia el muelle de la caseta de la Dirección de Sanidad, desde donde tripulantes y pasajeros del yate, junto con las personas que habían comunicado con ellos durante las operaciones del salvamento eran internadas en el Lazareto Sucio al objeto de cumplir las prescripciones cuarentenarias fijadas por las leyes internacionales sanitarias marítimas. En la mañana del día 23 de febrero acudían al lugar en que se encontraba naufragado el yate varios expertos nombrados por los propietarios del mismo a fin de peritar los daños y emitir un veredicto en consecuencia. El informe emitido por los técnicos coincidiría plenamente con el realizado en su momento por el práctico, el cual rubricarían al dar como imposible la reflotación del mismo. Tal imposibillidad se justificaba por la enorme cantidad de lingotes de hierro alojados en su sentina como lastre que hicieron que el impacto contra las rocas fuera infinitamente más nocivo que si no hubiera portado tal peso y, a consecuencia de ello, la forma en que se había clavado contra el arrecife que, de intentar sacarlo, acabarían por destrozar el barco yéndose inmediatamente a pique.

> 2.4 12-02-1928 “Nethon”

A primera hora de la mañana del 12 de febrero de 1928 navegaba en demanda del puerto de Maó una balandra de pequeño porte y de bandera francesa, en condiciones claramente adversas al estar establecido un duro vendaval. La embarcación tenía por nombre “Nethon”, y formaban su tripulación tres personas entre las cuales figuraba una mujer. Al hallarse en las inmediaciones de la bocana y vista la situación, fondeó rápidamente junto a la Llosa de Fora. Al cabo de poco tiempo, su tripulación decidió intentar ganar la entrada pero mientras maniobraban los aparejos, una fuerte racha impulsó lateralmente la botavara del barco sorprendiendo al patrón al que asestaría un fuerte golpe de tal forma que, a resultas del mismo, iría a parar al agua. Por fortuna el se repondría rápidamente y, ayudado por sus compañeros, pudo ser subido nuevamente a bordo. Se dio el caso de que el pescador Francisco Mercadal Piris, habría observado toda la maniobra al encontrarse cerca del lugar de los hechos por lo que, consciente del peligro que corría el barco de continuar permaneciendo en ese lugar, decidió acudir a su costado para intentar ayudarle a ganar la seguridad del puerto, algo que no podría conseguir, por lo que decidió acudir seguidamente a solicitar auxilio a la Base Naval.El comandante de Marina se puso en contacto con el Gobierno Militar y tras explicar la situación conseguía que la motora “Nº 2”, perteneciente a Transportes Militares, patroneada por su titular don Antonio Previ, acudiera a la zona. Una vez allí le lanzó un cabo tras lo cual los tripulantes del yate levaban el ancla. La motora procedió entonces a remolcarla hasta Cala Figuera, indicando a los tripulantes que volvieran a dejar caer el ancla fondeándola nuevamente frente a la Liga Marítima. El barco, de la matrícula y procedencia de Toulon (Francia), llevaba cinco días navegando desde que había zarpado del puerto francés. Con un desplazamiento de 8,35 toneladas y un motor auxiliar para las maniobras en puerto, la balandra propiedad de un tal Mr. Bodin navegaba llevando a bordo la esposa del mismo y un amigo común, con intención de realizar un recorrido turístico por las costas de las Illes Balears, a fin de visitar los principales puertos de las mismas. El dia 21 el “Nethon” se hacía de nuevo a la mar con rumbo a Ciutadella, pero portando esta vez a bordo un nuevo marinero que había enrolado como conocedor de la costa menorquina llamado José Rechari, alias “En Mancha”.

> 2.5 28-06-1928 “Andrea”

Entrada la noche del 28 de junio de 1928 ganaba el puerto de Maó el yate de recreo de bandera inglesa “Andrea”, el cual amarró junto al crucero de la armada italiana “Pantera”, que se hallaba fondeada con anclas a la Plana y cabos a la Punta de na Vermella, en cala Figuera. Se trataba el “Pantera” de una unidad de la serie de 3, clase “Leone”, formada por el “Leone”, el “Tigre” y el “Pantera”, contruidos por los astilleros Ansaldo en el período 1921-1924. Con un desplazamiento de 1.526 toneladas, medían 113,40 metros de eslora, 10,40 de manga y un calado de 2,70. Estaban propulsados por turbinas Parsons de 40.000 caballos alimentadas por 4 calderas de petróleo, que movían 2 hélices consiguiendo una velocidad de crucero de 34 nudos. Estaban artillados mediante 8 cañones de 120 mm. y 45 calibres; 6 ametralladoras antiaéreas; 4 tubos lanzatorpedos en montajes dobles y disponían asimismo de sistema de colocación de minas. Por su parte, el yate británico desplazaba a su vez 156 toneladas y ostentaba matrícula de Cowes, navegando al mando de su capitán Mr. Reaves y portaba 21 tripulantes y 2 pasajeros que habían embarcado en Cagliari. En el trayecto desde este puerto hacia el de Maó les había sorprendido un fuerte temporal y tuvo la desgracia de que por un violento golpe de mar, uno de sus tripulantes había sido arrebatado de la cubierta, desapareciendo entre las embravecidas olas, no habiendo forma humana de poder recuperarle. Tan desgraciado accidente había ocurrido a unas 70 millas al E de Menorca. Tras un par de jornadas de descanso y realizada una rápida inspección a la embarcación por si existían daños de importancia tras capear el temporal, sobre las ocho de la mañana del 30 levaba su ancla tras largar amarras para zarpar con rumbo al puerto de Palma de Mallorca.

> 2.6 11-01-1948 “Dos Amigos”

LA SUCIA Y SALPICADA DE BAJOS COSTA DE ES MURTAR (MAÓ)

A primeras horas de la noche del 11 de enero de 1948, domingo, comenzaron a circular por la población los rumores de la posible desaparición de cuatro jóvenes que, muy posiblemente, habían cogido un bote varado en Es Murtar (término municipal de Maó). En efecto. Más tarde se confirmaría que, en esa tarde, se había hecho a la mar desde dicha colonia costera muy cercana a Maó, el bote denominado “Dos Amigos” y propiedad de don Cristóbal Olives Pons, tras haber sido cogido al parecer por cuatro jóvenes. Como se observara que a pesar de haber transcurrido bastante tiempo no habían regresado, se dio aviso a la Comandancia de Marina a fin de que tomara las medidas oportunas, no fuera que pudieran haber padecido algún tipo de accidente. Alertado de ello, el comandante ordenó se pusiera en inmediata vigilancia el personal destacado en las Vigías, al tiempo que contactaba con el general Gobernador Militar para que se hiciera lo mismo desde las atalayas controladas por el Ejército. No suficientes aún tales medidas, la noticia era transmitida al propio tiempo a la Comandancia de Marina de Mallorca por si la embarcación desaparecida hubiera ido a parar a aquellas costas arrastrada por el fuerte temporal reinante. De esta forma transcurrió la noche y toda la jornada siguiente sin que se supiera nada más al respecto, manteniendo tanto a familiares como amigos en vilo preocupados por la suerte que pudieran haber corrido los jóvenes. El temporal había ido bajando lentamente en su intensidad y ello había permitido que los pescadores comenzaran también a salir a la mar para recoger sus redes o a reanudar sus faenas. Sería en el transcurso de la mañana del 13 cuando volvía al puerto de Maó tras realizar sus faenas de pesca la embarcación “José Miguel II”, propiedad de Miguel Moreno. Tal circunstancia no hubiera llamado la atención si no fuera porque a remolque portaba al hasta entonces desaparecido bote “Dos Amigos”, al cual había hallado en las aguas cercanas a la Platja de l’Aire sobre las siete de la mañana completamente inundado. La embarcación mantenía adrizado su palo aunque éste carecía de las velas, manteniéndose aún en su interior una de las colchonetas y varias prendas de vestir. La tramontana había batido la Isla durante varios días, originando en consecuencia una mar bastante respetable. El hecho de salir imprudentemente los jóvenes en el bote y, tras perder el poco resguardo de la cala ser arrastrados por la mar, parece ser que sería la versión más verosímil de los hechos sucedidos que dieron como resultado el que el bote terminara por zozobrar inevitablemente, yendo a parar al mar y pereciendo sus cuatro ocupantes. De las prendas que se hallaron a bordo, pudo ser identificado uno de los zapatos como perteneciente a uno de los muchachos por su padre. Eran los jóvenes Miguel Pons Pons, de 14 años; Carlos Sanz Trepiana, de 15; Santiago Cifré Llambías, de 15; y Baldomero Teixidor Cardona, de 16, todos ellos vecinos de Maó. Al parecer, en un principio el grupo se componía de cinco jóvenes, pero en el último momento uno de ellos había desistido de participar en la aventura, confirmando la partida de sus amigos a bordo del bote cuando fue interrogado al respecto. Los familiares habían estado esperando que, en cualquier momento, éstos se presentarían en sus respectivos domicilios, manteniendo la esperanza de que habrían desembarcado en cualquier punto de la costa al no poder volver a la cala por culpa de la mala mar, o que hubieran sido recogidos a bordo de otra embarcación en el supuesto de haber volcado. Pero la triste realidad es que nunca más se volvió a saber de ellos. Aquella aventura había resultado extremadamente cara para los jóvenes y para sus familiares.

> 2.7 29-04-1967 “Katerine”

El sábado 29 de abril de 1967 salió desde Ciutadella un bote de pesca para realizar sus labores de calado de redes por la costa norte de la Isla, y más concretamente al través de Ses Fontanelles. Era su trabajo habitual y no hubiera tenido mayor importancia si no fuera porque al encontrarse al través de la Cala Algaiarens, divisaron un poco apartado de su rumbo algo que flotaba en las aguas y, acercándose, pudieron comprobar que se trataba de un cuerpo humano. El individuo estaba vestido y era portador de un chaleco salvavidas. Tomaron uno de los cabos de a bordo y tras ligarlo convenientemente le dieron remolque hasta Ses Fontanelles. Una vez depositado en tierra firme marchó uno de los pescadores a dar aviso a las autoridades de Ciudadella, a cuyo término municipal pertenece el paraje. No tardaron en personarse en el lugar de los hechos el juez, el ayudante de Marina y varios números de la Guardia Civil. El juez realizó una inspección y al haber finalizado la misma ordenó el levantamiento del cadáver y su traslado al Cementerio de Ciutadella para que pudiera practicársele la correspondiente autopsia. A la mañana siguiente otro pescador, esta vez de caña, aficionado, observaba desde su apostadero en el acantilado la presencia de otro cuerpo flotando que era arrastrado la deriva. El lugar era el llamado Codolar d’Alfurinet. Con grandes dificultades, debido a la escabrosidad de los peñales en esta zona de la costa, pudieron hacerse con el cuerpo que, al igual que el anterior, también iba vestido y era portador del correspondiente chaleco salvavidas. Tras recuperarle lo sacaron a tierra en el paraje denominado Pla de Mar, muy cerca de Cala Pilar, y también sería trasladado al Cementerio para su reconocimiento posterior. Los resultados facilitados por el forense indicaban que los dos hombres habían fallecido unas treinta horas antes de ser descubiertos debido a “asfixia por ingestión de agua de mar y agotamiento”. No presentaban lesiones de carácter físico, su estado de conservación había sido muy bueno y de sus rasgos (no disponían de documentación alguna) podía desprenderse que uno de ellos debía de ser norteafricano y de unos treinta y cinco años de edad; el otro, europeo, no debía de sobrepasar los cuarenta. El día 4 de mayo, otro pescador aficionado hallaba en la zona de Capifort una puerta y una ventana, bastante nuevos, que debían de pertenecer a algún tipo de yate de recreo. El hallazgo comenzó a relacionarse con los dos cuerpos aparecidos en el término de Ciutadella, y no se iría mal encaminado puesto que posteriormente se hallaría un aro salvavidas blanco y azul que llevaba pintado el nombre del barco: “Katerine”. Igualmente figuraba su matrícula. El día 7 de mayo llegaban vía aérea al Aeropuerto de Menorca Mr. y Mrss. Davies, padres del capitán del yate naufragado con matrícula de Rye que, procedente del puerto de La Nouvelle (Francia), de donde había zarpado el día 21 del mismo mes, se dirigía hacia el de Malta, llevando a bordo a varios tripulantes. El matrimonio Davies no podía ocultar su profunda emoción por el suceso, que había traído como consecuencia la pérdida de la vida de su hijo. El motivo de la presencia en estas aguas de la lancha rápida a motor que acabaría naufragando era debida a la realización de un crucero turístico por el Mediterráneo. La lancha era propiedad de un tal Mr. Frank Nicholls y las causas que produjeron su naufragio quedarían para el misterio. El accidente debió ser presagiado por la tripulación puesto que portaban el chaleco salvavidas colocado. Se supuso que víctimas de un fuerte agotamiento y aun a pesar de llevar el chaleco, terminaron por desfallecer ahogándose inevitablemente.

> 2.8 15-08-1069 “Rougneta”

Estando ya entrada la noche del 15 de agosto de 1969, navegaba el velero de nacionalidad francesa “Rougneta” en demanda del puerto de Maó cuando se desencadenaba tan rápida como violentamente un fuerte viento de tramontana que con sus rachas comenzaba a complicar muy seriamente la navegación del barco. Su patrón Mr. Guiauchain, tras observar muy fugazmente la carta náutica de Menorca, determinaba por la propia seguridad del barco y de sus tripulantes entrar de arribada en el puerto de Fornells, el más seguro y con mejor acceso de la zona. No le salieron bien los cálculos y las velas pronto comenzaban a presentarle serios problemas. Decidió seguidamente navegar con el motor auxiliar, dejando únicamente la vela mayor fuertemente rizada para  facilitar la estabilidad y el adrizado de su barco. La situación continuaba igualmente complicada puesto que el motor no quiso ponerse en marcha al ir a arrancarlo. Vista su situación, Mr. Guiauchain no tuvo más remedio que intentar correr el temporal a la desesperada, frente a las alocadas aguas de sa Punta d’en Pantiné, cambiando su pretendido destino de Fornells por el de Port d’Addaia, el cual le quedaba mucho más cerca. La arribada al Port d’Addaia con temporal establecido es complicada para quien no lo conoce y más con otro valor añadido, como era el de una noche cerrada. El resultado fue que el velero topó con la peligrosa Llosa de ses Formigues y quedó inmediatamente embarrancado. El patrón mandó que los tripulantes bajaran a tierra por seguridad, algo que harían con grandes precauciones y con evidente peligro. Su esposa, otro matrimonio y una niña de tan sólo cuatro años que viajaban en el barco, embarcaban en la neumática de a bordo y ponían felizmente pie en tierra en la Illa petita d’Addaia. Pero sucedió que, al aligerarse de peso la embarcación embarrancada, tras una serie de embates por parte de las olas lograba liberarse por sí sóla de las rocas que la mantenían retenida, con lo cual sería rápidamente arrastrada puerto adentro hasta quedar nuevamente embarrancada al topar con el islote denominado En Carbó. Todo ello había ocurrido sobre las diez de la noche y, aislados en su eventual prisión, quedaban los atónitos náufragos contemplando cómo a escasos metros de donde ellos se encontraban había numerosas luces encendidas signos evidentes de vida, de gente moviéndose, que no se había percatado de la azarosa aventura de la que estaban siendo obligados protagonistas. Poco a poco aquellos puntos de luz irían disminuyendo y, rondando la una de la madrugada, se apagaba el último, haciendo aumentar al límite su sensación de terrible soledad, pasando preocupados las largas horas hasta que con las primeras luces del alba comenzaban a escuchar los sonidos inconfundibles de los motores de varias embarcaciones que estaban acercándose al lugar en que ellos se encontraban. Efectivamente, 4 botes de pesca se habían hecho a la mar, los más madrugadores de cada día, dispuestos a recuperar las artes de pesca que tenían caladas mar adentro. Sus tripulantes descubrían, también atónitos, la presencia, sin que se hubieran enterado de nada, de un velero casi en seco sobre en Carbó y más allá, sobre la Illa petita, a un grupo de personas braceando y gritando desesperadamente intentando llamar su atención. Inmediatamente fueron a recogerlos y, tras poner en aviso a la colonia de Na Macaret, un vecino salía por carretera hacia Maó para avisar a las autoridades de Marina de lo que allí había sucedido. Acto seguido salían hacia Na Macaret un representante de la Comandancia de Marina con varios hombres, el agente consular de Francia -que también había sido avisado- y el jefe de línea de la Guardia Civil de Ciutadella al que se uniría el comandante del puesto de Es Mercadal. A su llegada a la urbanización los náufragos estaban siendo ya atendidos por diversos vecinos residentes en la misma, donde quedarían momentáneamente hospedados. El representante de la Comandancia de Marina, que era a su vez el contramaestre del destacamento de Marina de Fornells, tomaba la dirección de las operaciones de rescate del barco contando con la colaboración desinteresada de varios residentes y, tras tres horas de complicados trabajos en que intervendrían diversas embarcaciones secundadas por varios hombres que ayudaban desde el islote, lograban reflotar el “Rougneta”, que sería remolcado hasta Na Macaret siendo ya las ocho de la tarde. Los daños ocasionados en el casco de la embarcación no fueron de consideración. Con un desplazamiento de unas tres toneladas, tenía el velero siniestrado una eslora de 6 y una manga de 2 metros.

> 2.9 24-10-1970 “Solaria”

ESTREMECEDORA IMAGEN DEL VORAZ INCENDIO

En la mañana del día 24 de octubre de 1970 comenzaba a circular rápidamente por la población la noticia de que un yate de bandera inglesa se había incendiado y hundido en las aguas del puerto. El yate al parecer estaba amarrado en la zona del Club Marítimo de Mahón y su capitán se había hundido con él pereciendo en el dramático suceso al no haber querido abandonar su barco. Se trataba del yate británico denominado “Solaria”. Unas horas antes, un mecánico que se encontraba a bordo de otra embarcación (llamada “Mosquito”) amarrada junto a la lancha siniestrada, sería el primero en darse cuenta de lo que a su lado estaba ocurriendo. El mecánico se llamaba Michel Kousoropoulos, y comentaría el desarrollo de los dramáticos acontecimientos vividos poco después de que éstos hubieran tenido lugar. El fuego a bordo del yate que estaba amarrado contiguo al suyo se había iniciado más o menos sobre las dos de aquella madrugada, de lo que se percató junto con otro compañero. De entrada decidieron utilizar sus propios recursos para atajarlo pero pronto comprobaron decepcionados que la manguera que pretendían utilizar no alcanzaba su objetivo al carecer de la suficiente y necesaria presión. Sin dudarlo un momento decidieron subir a bordo, pues sabían que el capitán del yate británico se hallaba en su barco puesto que vivía en el mismo, sin embargo la virulencia de las llamas les haría desistir en su intento. El fuego adquiría más fuerza a cada segundo que transcurría y se comenzó a temer por la seguridad de las embarcaciones que estaban amarradas a sus dos bandas, que podían iniciar una trágica carrera de imprevisibles resultados por lo que, ante esta amenaza, decidieron cortar las amarras del “Solaria”. El capitán Carter -que así se llamaba el marino inglés- y que ya se había percatado de su situación por los gritos de los dos hombres que se encontraban en tierra y por la presencia del propio fuego, en un alarde de serenidad y sangre fría bajó entonces a poner en marcha sus motores. En estas circunstancias, un joven (parece ser que se apellidaba “Gay”) que trabajaba como camarero en el bar o el restaurante del Club Marítimo, decidió lanzarse al agua provisto de un hacha con la intención de abrir un boquete en el casco del barco incendiado para facilitar su hundimiento y así poder salvarlo tanto a él como a su capitán que continuaba en su interior. Desgraciadamente no consiguió su objetivo y, a través de uno de los ojos de buey, pudo descubrir a Mr. Carter en su interior, a quien intentaría convencer de que debía de abandonar el barco inmediatamente. Sorprendentemente aquel hombre no quiso avenirse a la solicitud que le estaba haciendo el joven que se había tirado a propósito y sin dudarlo en el agua en un intento desesperado por ayudarle. Mr. Nick Carter, tras mirarle sonriendo amargamente le contestaría: “Yo me hundo con mi barco; no necesito nada…”. El fuego no perdonaba y había alcanzado ya la cubierta, convirtiendo a la nave en una formidable antorcha. Debido a la potencia de los motores y a la furiosa tramontana que estaba soplando, retenido por el cabo de su fondeo, el yate quedó de proa al viento, ardiendo por espacio de algo más de dos horas, para terminar hundiéndose lentamente llevando en sus entrañas a su capitán. Los hechos resultaron francamente espeluznantes. La prensa de la época narraba la atípica actuación del capitán Carter: “No hay duda que son muchas las especulaciones en torno a este desgraciado accidente que se ha transformado en tragedia. Una tragedia que al desarrollarse en la mar, sin duda se transformará en leyenda. El firmante (Antonio Verger, redactor del Diario Menorca) no elude ninguna responsabilidad al señalar al capitán Nick Carter como hombre con alma marinera decimonónica, responsable -primero el barco, después yo-, siguiendo la larga tradición inglesa, aún sabiendo que en ello le iba la vida tuvo serenidad, audacia, valentía, como para evitar una catástrofe mayor, bien es cierto que ayudado por los elementos, pues si el viento hubiera sido de levante en vez de tramontana, ninguno de los yates de invernada como lo estaba el siniestrado, hubiera podido salvarse, y ahí es donde debemos buscar la verdad. Nuestro amigo Nick Carter, que lo era de todos, social, amable, siempre dispuesto a la ayuda, hizo tributo a su vida en aras de su profesión y buscando siempre la salvación de aquellos que estaban en peligro. Dios lo tenga en su seno y guardemos nosotros la memoria del ‘lobo de mar’, del hombre afectuoso, sincero y de una gran bonhomía. De él sólo sabemos que tenía 55 años de edad…”. Se intentaron recuperar rápidamente los restos pero la tramontana dominante lo impedía y se tuvieron que esperar unas horas que llegarían a prolongarse hasta alcanzar un día entero hasta que remitieron los elementos. Intervinieon entonces miembros de la dotación de la Estación Naval auxiliados por otros pertenecientes al Equipo de Actividades Subacuáticas del Club Marítimo de Mahón Francisco Bosch, Nicolás Moll y Ramón Tejedor. Intervino también el buzo de la Estación Naval y, en el transcurso de la operación, se recuperaron restos humanos, los motores y otros efectos pertenecientes al yate. El “Solaria” desplazaba unas 60 toneladas y se trataba de una embarcación a motor rápida. Su propietario era Mr. Leonard Matchan de Quernsey y estaba pasando el invierno atracado de popa frente al Club Marítimo teniendo a sus dos bandas al “Mosquito” y al “Tina”. Un hijo del capitán Carter estuvo en Menorca el verano de 1996 intentando localizar testigos de las trágicas circunstancias en que perdió a su padre y con la esperanza de hallar al camarero que en su momento se lanzó al agua confiando realizar un último y desesperado salvamento.

> 2.10 15-07-1971 “Yubarta”

Otro incidente que movilizaría a los efectivos de rescate de la provincia ocurrió el 15 de julio de 1971, en que se hacía a la mar desde el puerto de Sant Felíu de Guíxols (Girona) el yate denominado “Yubarta”. Su intención era navegar hasta el puerto de Ciutadella de Menorca, en donde tenían intención de pasar unos días con unos amigos. El barco tenía 8,5 metros de eslora e iba tripulado por una mujer y sus dos hijos; el marido se encontraba ya en la Isla desde el día 16, puesto que había llegado por vía aérea. Pero como quiera que el barco no hiciera acto de presencia ni diera señales de vida en un espacio de tiempo razonable, comenzó a cundir la natural alarma entre el familiar y los amigos. El marido optó entonces por hacerse con los servicios de una avioneta del Aeroclub de Menorca, que despegaba a primeras horas de la mañana del día 17. La natural alarma producida hizo que otras tres avionetas se sumaran a la búsqueda del yate desaparecido. Previamente se había dado parte a la Comandancia de Marina de lo que estaba sucediendo. Al atardecer cundía el desánimo al resultar totalmente negativas todas las operaciones de peinado de las aguas por las que se suponía debería de hallarse el barco. A la mañana siguiente, domingo, se reanudaban las operaciones de búsqueda aunque, en esta ocasión, se sumarían dos aviones “Gruman” del Ejército del Aire, los cuales despegaban del aeropuerto de Son Sant Joan, de Palma de Mallorca. La lámina de agua a peinar se extendía bastante más, al comprender desde Blanes hasta Ciutadella. A media mañana otras dos avionetas despegaban a su vez del aeroclub de menorquín en un desesperado intento de localizar al yate. Se abrigaba la esperanza de que los tripulantes del mismo pudieran salir con suerte del atolladero en que, sin duda alguna ya, estaban metidos visto el tiempo transcurrido. El barco contaba con una embarcación neumática y disponía de los equipos de señales legales. Incluso se contaba con alimentos para resistir, por lo menos, durante tres días. Ese mismo domingo unos pescadores de Fornells observaban un yate que al parecer tenía problemas de gobierno. Se balanceaba descaradamente forzado por la mar levantada por el ENE que había estado soplando con intensidad durante la mayor parte del día. Ante la duda, intentaron aproximarse pero la mar dificultaba la maniobra. Los tripulantes, tras darse cuenta de la presencia de la pequeña embarcación comenzaron a gritarles para llamar su atención y, tras darse a conocer, manifestaron que tenían el motor en avería. Por fin lograban lanzarles un cabo y tras afirmarlo en el barco sólidamente le daban remolque hasta el interior del puerto, donde amarrarían pasadas las siete de la tarde. Habían estado a la deriva por espacio de más de ochenta horas. Los tripulantes, la señora Pierette y sus dos hijos, Renoir y André, de quince y diecisiete años respectivamente, se encontraban en buen estado. Acusaban, sin embargo, las huellas de la terrible fatiga tanto física como anímica que les había ocasionado su lento peregrinaje por aguas del Mediterráneo. Dio la casualidad que al llamar al hotel de Ciutadella en que había estado hospedado el marido, éste había marchado hacia Barcelona. No tardaron en llegar los amigos con los cuales tenían que reunirse, quienes les ofrecieron todo el apoyo necesario del que estaban, sin duda, bastante necesitados. El yate debía de quedar unos días en Fornells, con el fin de que se le llevara a cabo una perfecta reparación de su motor. Una vez finalizada, saldría rumbo a Pollença para, desde allí, cruzar nuevamente hacia aguas catalanas.

> 2.11 09-11-1971 “Capicorne Sea”

Transcurría el 9 de noviembre de 1971. Durante los últimos días un fuerte viento N había estado azotando las costas de Menorca. Resultado de su violencia fueron los numerosos destrozos y averías ocasionados tanto en la mar como en tierra. Con respecto al primero, el puerto mahonés vio cómo crecían las aguas hasta el punto inhabitual de alcanzar prácticamente la línea del cantil del muelle. En la noche del martes 9 al miércoles 10, y más bien en la madrugada de este último, un yate sufría serias averías cuando se hallaba en plena ruta hacia la isla de Cerdeña. El “Capicorne Sea”, tal era el nombre del barco, enarbolaba bandera panameña y los hechos sucedían cuando se encontraba a unas 15 millas de la cala de Santa Galdana, quedándose a partir de esos momentos sin motores. Su capitán lanzó inmediatamente un mensaje en demanda de auxilio por la radio de a bordo que sería captada por un mercante francés, el “Alcee”, que se encontraba navegando en una derrota no muy alejada del punto del incidente. El capitán de este último, Mr. Dessanulte, ordenó desviar el rumbo para dirigirse hacia la posición del yate averiado y tras localizarlo, le dio remolque hasta alcanzar el puerto de Maó, donde le dejaría bajo la custodia del práctico quien se encargaría de remolcarlo con su bote hasta el espigón de hormigón del Club Marítimo de Mahón, siendo allí amarrado para ser debidamente reparado. El mercante francés continuó seguidamente su derrota hacia el puerto de Marsella.

> 2.12 30-01-1972 “Rocco”

Mucho se habló en su momento sobre un yate abandonado y sin gobierno que, empujado por la corriente, fue a estrellarse contra sa Punta d’en Pantiné, en la costa norte de Es Mercadal. Ello sucedía el 30 de enero de 1972. El barco había derivado poco a poco hacia la costa hasta topar con los bajos existentes. Al investigar en su interior, se pudo comprobar que el barco pertenecía a un matrimonio apellidado Perkins, Michael y Lana, y que llevaba pintado el nombre de “Rocco”. Por la documentación de a bordo parece ser que el barco habría sido construido en Holanda, desconociéndose, por lo demás, la suerte que pudieran haber corrido el matrimonio, si eran ellos quienes viajaban a bordo. La realidad es que no apareció ningún tripulante del mismo.

> 2.13 29-04-1973 Bote

EL INHÓSPITO Y A LA VEZ CAUTIVADOR CABO DE FAVÀRITX

El 25 de abril de 1973 partían desde es Barranc Gros, pequeña ensenada muy próxima al Cap de Favàritx, a bordo de una pequeña embarcación de fibra de vidrio don Lucas Adolfo Sintes y don Juan Piris, personas ambas de más de setenta años de edad. La embarcación navegaba propulsada por un pequeño motor fuera borda con el objeto de poder practicar durante unas horas la pesca deportiva con volantín, actividad que goza de gran popularidad entre el personal jubilado. Serían alrededor de las diez de la mañana y era ésa, una más de sus salidas acostumbradas. El período de pesca se prolongó hasta las primeras horas de la tarde y serían poco más de las dos cuando daban por finalizada su jornada. Recogidos sus aparejos, pusieron proa hacia la calita desde la cual habían botado su embarcación y en la que se hallaban estacionados tanto el remolque como el vehículo. La mar estaba movida por grandes olas de mar muerta, signo evidente de la presencia del viento de levante en horas precedentes si bien en esa jornada no se había hecho presente. En estas condiciones, de pronto, una de tantas olas adquiría grandes proporciones debido quizá a la disminución del fondo por existir algún bajo en la zona. El resultado fue que la embarcación volcó cogiendo totalmente desprevenidos a sus tripulantes, que fueron a parar al agua. Los dos se asieron desesperadamente a la quilla de la embarcación que había quedado al sol e hicieron lo imposible por volver a adrizarla, algo que no conseguirían y, aterrados, verían que la pequeña embarcación que les hacía de salvavidas se les escurría de las manos y se alejaba rápidamente merced a la corriente dejándoles indefensos. Entonces decidieron ganar la costa a nado y, tras bracear un rato, don Juan Piris se apercibió de que su compañero no le seguía e incluso había desaparecido. Continuó nadando hasta el borde del desfallecimiento, consiguiendo llegar a tierra, tras lo cual se dirigió al vehículo y cuando estaba a punto de alcanzarlo, sus fuerzas le abandonaron, sintiéndose preso de un fuerte shock que le iba agarrotando sus movimientos. Afortunadamente no tardaría en aparecer un agricultor el cual, subiéndole al coche, lo acompañó hasta Maó donde darían cuenta de lo sucedido a las autoridades. No tardaron en marchar hacia Favàritx varios números de la Guardia Civil así como, desde Na Macaret, se hacía a la mar una lancha tripulada por un súbdito británico, al propio tiempo que se hacía correr el aviso de los hechos a las embarcaciones de pesca que actuaban por la zona. En el transcurso de la búsqueda, miembros de la Guardia Civil hallaban entre las rocas a la pequeña embarcación de los dos pescadores, la cual había sido lanzada contra las mismas por las olas. El día 26 aparecía el cuerpo sin vida de don Lucas en el fondo del mar, cerca del Cap de Favàritx, entre unas rompientes. Avisado el juez del descubrimiento y ordenado por éste el levantamiento del cadáver, la autoridad de Marina hacía instruir el correspondiente atestado.

> 2.14 09-11-1973 “S.S. Amphitrite”

El día 9 de noviembre de 1973 entraba en el puerto de Mahón el yate alemán que tenía por nombre “S.S. Amphitrite”, de 110 toneladas de desplazamiento, que presentaba grandes averías tanto en su arboladura como en aparejos y velamen. Su tripulación la formaban 11 hombres y habían zarpado del puerto italiano de Nápoles rumbo al de Lisboa en cuyo transcurso estaba llevando a cabo diversas escalas intermedias. Sería al encontrarse en plena zona de influencia del Golfo de León cuando le sorprendería un fortísimo temporal de tramontana pillándole con bastante trapo desplegado, lo que ocasionaría la rotura del bauprés y consecuencia de ello, multitud de averías y roturas de estays, obenques y masteleros de palos de mesana y mayor, además de sus correspondientes aparejos. También se seccionó el mastelero por su parte superior así como el mastelerillo que estaban unidos por los estays del bauprés. Con todo ésto, se partía el trinquete unos metros más abajo de su cruceta, ante lo que su capitán, optaba por poner proa hacia el puerto de Maó utilizando para ello el motor. Sin embargo, cuando estuvo amarrado, sus tripulantes sufrieron una decepción al enterarse de que tales reparaciones no iban a poder ser posibles en este puerto debido a la carencia de los materiales especiales necesarios para poder llevarlas a cabo con garantías. Como no había otra solución, decidieron que la arribada a puerto les serviría para intentar poner orden en cubierta y estibar correctamente las partes de la arboladura que estaban averiadas. Una vez puesto todo en orden, el “S.S. Amphitrite” zarpaba de vuelta y a motor a su puerto de procedencia.

> 2.15 07-07-1974 “Elia”

El día 7 de julio de 1974 un yate de bandera inglesa naufragaba en la costa norte de Menorca a consecuencia de una avería sufrida en sus motores y ser arrastrado por las fuertes corrientes dominantes hasta los escollos de la bocana de na Macaret y Addaia, donde quedaría en pocos momentos completamente destrozado. Diferentes embarcaciones acudieron en su auxilio, con lo cual se logró evitar el que pudieran suceder desgracias personales debido a las negativas condiciones existentes en la mar. El yate iba tripulado por tres personas, dos adultos y un niño. El barco había salido de Cala Prudent en dirección a na Macaret sobre las once de la mañana. Al poco tiempo sobrevenía la avería y su patrón se aprestaba a izar las velas para continuar navegando con el viento en busca de la seguridad del Port d’Addaia. Sin embargo, las fuertes olas que batían en su acceso por el norte debido a la proximidad de los bajos que allí existen, le impidieron culminar completamente la maniobra de virada y cuando quiso darse cuenta, tenía el barco sobre las rocas, y a causa del impacto, era despedido al agua. El patrón pudo salvarse, al igual que su compañero, mientras que el pequeño era rescatado por una de las embarcaciones que habían acudido en su ayuda. Sin embargo la mala fortuna apuntó a esta embarcación, denominada “Elia”, puesto que otra de las olas de la rompiente la hacía asimismo zozobrar. Su patrón se llamaba Pedro Seguí el cual, al observar que el pequeño al que terminaba de rescatar se hundía lentament en las aguas, sin dudarlo ni un momento buceó lo necesario para finalizar felizmente el rescate. Todos serían embarcados en el yate a motor “Furia”, propiedad de Matías Montañés, que también había acudido a participar en el salvamento, conduciéndoles a tierra sin novedad.

> 2.16 23-08-1975 “Perty”

GANANDO UN REFUGIO EN UN TEMPORAL EN LA COSTA SUR

Sobre las once menos cuarto de la mañana del sábado 23 de agosto de 1975, una embarcación de 6 metros de eslora denominada “Perty” se encontraba navegando desde es Caló d’en Fust (muy cercano a la playa de Binibèquer Vell), hacia es Cap d’en Font, cuando se le paraba el motor por causas fortuitas. Soplaba un viento fresco del N, de fuerza 5-6, que hizo presa fácil en la frágil embarcación, la cual comenzó a arrastrar mar adentro. Formaban la tripulación su propietario el doctor Paravisini, un conocido cirujano de Barcelona, al que acompañaba un matrimonio amigo. En un intento de paliar la situación creada decidieron izar un foque (la embarcación se trataba del tipo velero) pero, al poco tiempo se les partía un herraje del timón. Al quedar sin gobierno y parados, decidieron afirmarlo mediante un par de cabos. La intención era procurar ganar el resguardo de la costa que cada vez les quedaba más lejos. Pero las cosas no funcionaron bien y así fue que el viento encontró mejor presa en la vela y, en vez de acercarse a tierra, lo que consiguieron fue que se alejaran aún más rápidamente de la misma. En vista de los resultados bajaron la vela rápidamente. En lucha contra el viento tuvieron la desgracia de que se les rompiera el otro herraje del timón, tras lo que quedaban definitivamente a la deriva y a merced del temporal. También quisieron intervenir en el motor y, tras estar operando en el mismo, conseguían ponerlo en marcha, aunque derivaba rápidamente en un cortocircuito que provocaba un incendio a bordo. Desde tierra varias personas se habían percatado de lo que estaba sucediendo a bordo de la pequeña embarcación, sin embargo la fuerza del viento impedía que cualquiera se aventurara a hacerse a la mar para ayudarles. Las olas eran ya importantes y el problema se acrecentaba por momentos. Decidieron, entonces, avisar a la Estación Naval y al Aeropuerto. Por fin dos de los vecinos se embarcaban en una lancha y se dirigían hacia un yate de bandera francesa que estaba navegando por la zona para solicitar su ayuda. La tripulación de éste comenzó la búsqueda pero debido a la altura de las olas no lograron ver a la embarcación en apuros, por lo que decidieron continuar su ruta. Los dos vecinos, sin perder la moral y preocupados por aquellos hombres a merced de las olas optaron, entonces, por dirigirse a solicitar la colaboración de otro yate, éste a motor, que se encontraba fondeado al resguardo en la cala de Binissafúller, también de bandera francesa que, al no ver en el horizonte a la embarcación en apuros declinaba participar en el salvamento. Cuando transcurrían ya las cuatro y media de la tarde y tras ordenarlo el comandante de Marina, se hacía a la mar rumbo a la zona el buque-aljibe de la Estación Naval “AB-1” al mando del TN don José María Madurga, con el patrón don José Alonso Ugarte y el mecánico don Diego Martínez, además de la tripulación de marinería de servicio. Y a las seis menos cuarto otra lancha se hacía también a la mar. Era la denominada “La Princesa”, en la cual había embarcado el constructor de embarcaciones local Justo Saura, perfecto conocedor de las posibilidades de la misma el cual, a unas 5 millas de la costa, conseguía localizar a la embarcación en apuros y tras darle un cabo de remolque, la conducía a tierra sin que, afortunadamente, tuvieran que lamentar daño personal alguno ninguno de los tripulantes. En esos momentos arribaban el “AB-1” y una zodiac de la Cruz Roja del Mar con base en la Platja de l’Aire. Como el rescate se hubiera llevado a cabo felizmente, tras realizar un buen tramo del recorrido escoltando a la lancha y al “Perty”, regresaban a sus bases respectivas. Al parecer el doctor Paravisini había construido un amarre para su embarcación en el llamado Morro d’en Botifarra, por lo que había marchado hasta la Platja de Binibèquer para realizar el traslado de su embarcación al nuevo apostadero. Pero cuando estaban navegando, el motor se paró y como el tipo de embarcación era un velero, decidieron resolver su situación  izando una vela, pero se rompió el herraje de sujección inferior del timón y tras ligarlo con un cabo quisieron continuar en estas condiciones tan precarias. Se les partió entonces el superior, decidiendo manipular el motor para intentar arrancarlo. Arrancó pero le siguió un incendio, y el compañero del doctor arrancaba los cables parándolo de nuevo. A partir de entonces comenzaban seriamente los problemas. Muchísima suerte tuvieron de que toda la aventura hubiera sido presenciada desde tierra mientras permanecían al alcance visual de los dos vecinos que se encontraban en la costa.

> 2.17 16-09-1975 “Southern Lyon”

El martes día 16 de septiembre de 1975 tenía lugar una de las características “rissagues” que suelen producirse, en lo que afecta a Menorca, a las aguas de Ciutadella y costa sur. Si bien este fenómeno es más frecuente en el puerto de la población antes citada en esta ocasión, al haber alcanzado cotas de más de dos metros sus movimientos, se hicieron bastante patentes en otras calas de la costa sur. El yate de bandera inglesa “Southern Lyon”, con matrícula de Portsmouth, con un desplazamiento superior a las 10 toneladas, quedaba varado en seco sobre las rocas de una de las márgenes de Cala en Porter, muy cerca de donde hasta ese momento había estado fondeada al ancla. El barco quedó totalmente inutilizado, por lo que sus propietarios obtendrían el permiso de la autoridad de Marina para recuperar del mismo todo el material reutilizable. La tripulación, además de recibir el correspondiente susto, se quedaba sin el barco, que aún no había sido asegurado, a lo que hubo que añadir un nuevo trámite para poder llevarse a su país los materiales recuperados. Las fluctuaciones del nivel de la mar habían sido tan fuertes que el correo de la Cía. Trasmediterránea “Ciudad de Algeciras” tuvo que ser desviado de Ciutadella a Maó para rendir viaje.

> 2.18 16-09-1975 “Sun-Fun”

Ese mismo día martes 16 de septiembre de 1975, la rissaga se dejaba sentir también en la cala de Santa Galdana. El velero de 6 toneladas “Sun-Fun”, igualmente de bandera inglesa, sería depositado por las crecidas aguas unos 6 metros playa adentro, por lo que al retroceder éstas quedaba en seco. El barco era de los que llevaban equipada triple quilla, lo que le permitió quedar en una posición totalmente adrizada y sin sufrir desperfecto alguno en su casco. Debía de tener una eslora cercana a los 10 metros. En el momento de ser desplazado desde el punto en que se encontraba fondeado, su tripulación se hallaba a bordo y, el hecho de que ocurriera durante la noche, hizo que sus tripulantes se despertaran alarmados al notar un golpe seco bajo el casco producido al retroceder las aguas nuevamente, imaginándose éstos que habían garreado yendo a parar sobre las rocas. Una vez inspeccionada meticulosamente la situación y siendo ya de día, se contrató a una máquina tel tipo oruga que, con el auxilio de su pala, fue acercando el barco mediante un arrastre lento y palmo a palmo, hasta ganar nuevamente las aguas. Como quiera que la máquina no podía culminar su labor, puesto que de adentrarse en las aguas podía resultar dañada seriamente, entró en juego una potente lancha que comenzó a tirar del barco hasta conseguir reflotarlo nuevamente, contando con el apoyo de varios turistas que se encontraban en la playa presenciando el rescate. Todas estas operaciones, coordinadas por el ayudante de Marina de Ciutadella don José Villalonga Grandío, habían comenzado sobre las nueve de la mañana, finalizando felizmente pasadas ya las seis de la tarde.

> 2.19 10-01-1976 “Arcadia”

LA COSTA DE MONGOFRA NOU REUNE ACANTILADOS Y PLAYAS DORADAS

Ciertamente la madrugada de aquel domingo 10 de enero de 1976 iba a resultar de gran impacto popular entre los habitantes de la ciudad de Alaior, la cual llegaría a conmocionarse hasta sus propios cimientos. Una ciudad que, aún siendo interior, cuenta entre su población con grandes aficionados a las actividades marineras y pesqueras, poseyendo segundas viviendas o aún simples casetas para el verano en puntos costeros tan emblemáticos como puedan ser el Arenal d’en Castell, Fornells, Na Macaret, Port d’Addaia, Son Bou, etc. El hecho, o circunstancia, que marcaría aquel día como realmente fatídico sería la noticia de que  un nuevo accidente marítimo había ocurrido a unos aficionados de la población que se habían hecho a la mar a bordo de un pequeño llaut desde na Macaret. La noticia corría rápidamente salpicada de tintes trágicos pues postulaba la desaparición de tres de los cuatro tripulantes que se hallaban a bordo, además de la propia embarcación que se habría ido a pique. Todo habría comenzado a primeras horas de la mañana del día 9, en que Juan Riudavets, Pedro Gornés, Rafael Palliser y Juan Quintana se desplazaban a Fornells sobre las siete de la mañana dispuestos a adquirir una pequeña partida de gambas para ser utilizadas como cebo en la pesca con volantín de la que eran grandes aficionados. Seguidamente marcharon hasta Na Macaret donde tras embarcar en el bote de madera propiedad de uno de ellos, denominado “Arcadia”, se dirigieron a calar unas redes para intentar capturar un poco de pescado para cocinar una “caldereta” con la que tenían que celebrar una fiesta juntamente con sus respectivas familias. Otros dos compañeros quedaban en tierra haciendo los preparativos. El punto en que fondearon sus aparejos estaba situado aproximadamente a unos 200 metros de la Punta de s’Enclusa y de la Punta de ses Llongues, en la costa de Mongofra Nou, sobre fondo de arena mezclada con barbadas y roca y una profundidad aproximada de 10 metros. Serían poco más de las nueve y media cuando terminaban de calar, decidiendo ir a pescar unos cuantos serranos mediante los volantines, para los cuales habían adquirido el cebo en Fornells. El dia resultó muy favorable, y tras realizar una excelente captura, sobre las dos volvían a poner rumbo a Na Macaret, donde tras limpiar el pescado daban cuenta entre ellos de una suculenta comida de compañerismo, comentando lo magnífico del resultado y especulando con las posibles piezas que hubieran podido quedar atrapadas en las redes que continuaban fondeadas en el lugar donde fueron colocadas y tras el consiguiente café y los últimos preparativos nuevamente volvían a hacerse a la mar. Al hallarse al través de la denominada Illa de ses Àligues, lugar en que abundan los calamares y en donde se encontraban pescando tres o cuatro embarcaciones, Rafael Palliser dejó caer un comentario jocoso a Juan Riudavets, el patrón de la embarcación, incitándole a tentar también la suerte con los calamares, a lo que éste respondió con un “Déjalos hasta mañana para que crezcan un poco más, que aquí nos estarán esperando…”. Ello viene a cuento porque para poder pescar calamares la mar tiene que reunir unas mínimas condiciones propicias. Estaba, eso sí, un poco rizada, pero de ahí no pasaba. Y así continuaron hasta llegar a la zona donde se encontraban los calamentos. Comenzaron a levar las redes, dejando el motor en marcha. “Quizás fuera éste nuestro error…” reconocería Rafael Palliser algo compungido. Cuando tenían algo más de media red recuperada comenzaron a percibir el susurro característico de las aguas cuando son empujadas por el viento que iba en rápido aumento. Ese sonido tan familiar para quienes suelen ir a pescar en barca, que se produce cuando el particular silencio es roto por el “baldereig”. Se extrañaron. No había viento alguno que justificase tal circunstancia, pero a pesar de ello las olas continuaban aumentando de tamaño. Palliser manifestó su extrañeza a sus compañeros, tan atónitos como él mismo, que sería corraborada por Riudavets con un “qué extraño…”. Terminada de recuperar la primera red, el ruido había crecido alarmante y manifiestamente: las olas movían impetuosamente la embarcación y rompían con inusitada rabia. Debían de ser ya las seis y diez de la tarde. Por supuesto había oscurecido hacía ya bastante rato. Las olas rompían contra el casco y la embarcación ofrecía su proa a la mar, sujeta por las redes, cuando se iniciaba la recuperación de la segunda de ellas. Pero esa segunda red se encontraba enrocada en el fondo, sujetando fuertemente la proa de la barca, lo que impedía salvar el paso de la ola; las fuertes salpicaduras comenzaron a querer saltar por encima de ella. De pronto,  en uno de los violentos movimientos en que estaban sometidos, parte de la red se enganchó con la hélice, con lo que la embarcación quedaba peligrosamente atrapada. A partir de ese momento las olas, que alcanzarían ya una considerable altura, comenzaban a ganar la proa, vaciando en el interior. Palliser se ofreció a cortar la red con un cuchillo, mientras sus compañeros le sujetaban para evitar que fuera a parar al agua. Las olas seguían su frenético embate… diez minutos más, las seis y veinte, y la barca terminaba de llenarse de agua y comenzaba a sumergirse. Palliser se asió instintivamente a uno de los cuarteles de su cubierta. No tendría la misma fortuna Pedro Gornés, el tripulante de mayor edad, que además no sabía nadar, por lo que muy posiblemente fuera la primera de las víctimas del trágico balance final. No se le llegó a percibir ni tan sólo un mínimo gemido. Juan Riudavets estuvo flotando también aunque algo más apartado. Palliser había perdido las gafas -para él muy necesarias- y mantenía firme el improvisado salvavidas, aunque ello no le impediría tragar gran cantidad de agua al estar continuamente cubierto por las olas. De pronto oyó gritar a Juan Quintana (el cuarto tripulante), que le estaba solicitando ayuda, por lo que Palliser se desprendió sin pensárselo dos veces del cuartel y se lo lanzó a su compañero para que pudiera sentirse más seguro: “si logró cogerlo ni lo supe, ni lo sabremos nunca…”. A fin de eliminar peso y ganar movilidad, se puso de espaldas, y con gran serenidad se despojó de un grueso chaquetón de abrigo que llevaba puesto, comenzando a nadar a fin de alcanzar la costa, puesto que no veía nada, a la par que sentía un frío intenso que recorría todo su cuerpo. Se sentía hundido y agotado, pero procuraba no perder esa serenidad que por el momento era capaz de mantener. Un sexto sentido le guiaba en cada uno de sus movimientos. Y así notó que con los pies estaba tocando el fondo, para percibir seguidamente con sus manos la presencia de una roca, a la que se agarró con todas sus fuerzas. “No sé cuánto tiempo permanecí agarrado a ella, porque me quedaron las manos aletargadas por espacio de varios días. La gran suerte se había puesto de mi lado, ya que parece ser, que una vez en el agua, gané la costa por el socaire del Sivinar de Mongofra, encontrando aguas más tranquilas. Juan Riudavets debió de ser arrastrado hasta las inmediaciones de s’Escull des Lleó, donde la mar hacía más daño, y debió de ser empujado violentamente hasta las rocas y bajos que pueblan la zona. Cuando fue encontrado se comprobó que había pegado con su cabeza contra las mismas, y éso que era el que mejor sabía nadar de todo el grupo”. Cuando consiguió finalmente alcanzar tierra comenzó, a oscuras y sin sus gafas como se encontraba en aquellos momentos, a intentar situarse. Primeramente se despojó de otra de las prendas que llevaba puesta: unos calzones de plástico que suelen utilizar los pescadores para protegerse de las salpicaduras del mar. Su idea era que, si no conseguía llegar a ninguna parte, quienes les buscaran supieran que al menos él no había desaparecido en la mar, sino que había logrado alcanzar tierra, por lo que podrían localizarle de una forma u otra en las inmediaciones. Había estado largo tiempo en el agua sujeto a la roca, perdiendo la noción del tiempo, pero ahora se encontraba por fin en tierra firme aunque preso de un frío demoledor, por lo que no debía de ninguna manera quedarse quieto. Estaba convencido de que si se paraba o se sentaba a descansar, ya no podría levantarse nunca más. Por un momento también le pasó por la cabeza que el calzado que llevaba puesto le debía de haber ayudado bastante: unas botas cortas de piel, al contrario que sus compañeros, quienes iban provistos de las típìcas botas de agua altas que, al llenarse de agua, se convierten en muy peligrosas pues impiden sobremanera los movimientos y facilitan el hundimiento de quienes las portan. Rafael continuó andando y volvió a pensar que sus botas le estaban facilitando sus movimientos entre aquellas piedras que forman la rompiente. Y aún tuvo tiempo para darse cuenta de que continuaba sin hacerse presente el viento. Le fluían mil pensamientos en su cabeza que pasaban tan raudos como lentos los pasos que podía dar en tan grande oscuridad. ¿De dónde podían haber salido aquellas enormes olas, convertidas ya en auténtico temporal, y que tan fatalmente les habían maltratado?. Entonces comenzó un agotador y terrible peregrinaje entre los arbustos y matorrales, piedras y arena de la zona que le harían tropezar y caer una y diez veces. Sin sus gafas era hombre perdido. El cielo estaba cubierto y no había ni luna ni estrellas. A todo ésto se topó con una construcción y súbitamente se alegra: por fin podrá encontrar ropa seca y alguien que pueda auxiliarle en aquellos horribles momentos. Otra frustación y de todo ello, nada: desesperado, comprueba que tal construcción es simplemente un vestidor de obra que el propietario de Mongofra Nou tiene en la Platgeta des Sivinar para cuando sus invitados van a tomar baños. Transcurrirán aún más de dos horas, en las que deambulará totalmente desorientado sin localizar nada habitado y notando cada vez más una fuerte opresión en su interior: no ha oído en todo ese tiempo ninguna otra voz ni ruidos, aparte, claro está, del producido por esas enormes olas. La realidad, triste realidad comenzaría entonces a hacer fuerte mella en él: si no era capaz de escuchar ninguna voz, ningún ruido de procedencia humana quería decir que sus compañeros no habían logrado llegar a tierra como él. Palliser vomitó y comenzó a sufrir horribles convulsiones en su estómago y vientre. La gran cantidad de agua de mar tragada estaba también comenzando a dar sus consecuencias. Cada vez más angustiado, trepó como pudo por la arena del Sivinar hasta lograr alcanzar la cima: un lugar ciertamente peligroso para quien no lo conoce o para transitar de noche, debido a los terribles acantilados y simas producto de profundas grietas que existen en el terreno. Por fin lograba vislumbrar unas luces  hacia el interior. Palliser entendió rápidamente que su única salida era dirigirse hacia esas luces, donde con toda probabilidad podrían auxiliarle. Pero no sabía cómo. La verdad es que la suerte seguía acompañando a Rafael, ya que evitaba aun sin poder verlos, todos los peligros que tiene el terreno y que en pocos segundos podrían acabar con cualquiera que se arriesgara a atravesarlos de noche, debido a los abundantes y fuertes desniveles que le tocaba sortear. A las doce menos veinte de la noche alcanzaba por fin las casas prediales. Los primeros comentarios que percibiría de los payeses que habían salido a recibirle estaban dirigidos a don Fernando Rubió, el propietario: “Ha llegado un anciano…” le dijo “l’amo”. Palliser contaba por aquel entonces unos cuarenta y siete años y le habían confundido con un anciano. Ello puede dar la idea del aspecto que presentaba en el momento de acceder a las casas. Había logrado llegar a pesar de todas las dificultades a la finca Mongofra Nou. Tras contar toda su odisea a sus sorprendidos oyentes rápidamente le fue ofrecida ropa seca, que se puso sin perder un sólo momento debido al terrible y cortante frío que sentía en esos momentos. Cuando lo hubieron ayudado a arreglarse un poco, el propietario del predio ordenó al mayordomo y al cocinero que lo trasladaran inmediatamente hasta Maó para que dieran parte a la Comandancia de Marina. Sin duda había que buscar sin pérdida de tiempo a los demás tripulantes de la embarcación naufragada. Palliser reconoce que fue para él una suerte el encontrar las casas con luz, puesto que la procedente de la vivienda de los payeses muy posiblemente no hubiera llegado a distinguirla. Hacía poco que había sido Navidad, y los propietarios se encontraban habitando los edificios más grandes. Una vez en Maó, se dirigieron a la Comandancia de Marina, donde el náufrago explicó todo lo sucedido. Allí mismo tomaría un teléfono invitado por la Autoridad de Marina e informaría a su cuñado Santiago Pons Quintana de todo lo sucedido a la vez que le encargaba la parte más penosa del asunto: éste tendría que encargarse de informar a las familias con el añadido de las serias y graves dudas que tenían sobre la suerte que pudieran haber corrido los otros tres compañeros. Acto seguido era internado en la Residencia Sanitaria Virgen de Monte Toro para ser sometido a un severo reconocimiento. Palliser: “Cuando logré alcanzar las casas de Mongofra Nou, noté que se hacía presente la tramontana de la cual habían llegado de avanzadilla aquellas olas. Ahora ya se explicaba todo. El no ver allí a ninguno de mis compañeros, y la circunstancia de que tampoco en la Comandancia de Marina nada se supiera al respecto, terminó de convencerme de que era el único superviviente del grupo”. Y añadiría: “Hoy día las cosas han cambiado mucho. Existen muchos partes meteorológicos. La información es muy completa. Y por supuesto, de saber que podía aparecer el viento no hubiéramos salido a la mar”. El Comandante de Marina dispuso lo necesario para proceder a la búsqueda de los otros tres hombres y nombró un Juez Instructor que levantó sumario y comenzó las indagaciones, personándose en diversas ocasiones en la Residencia Sanitaria. En un primer momento, al notar la tardanza en regresar del grupo, los compañeros que habían quedado en tierra supusieron que habrían sufrido una avería y que estarían a resguardo en cualquier cala de la zona. Pero al paso de las horas comenzaron a ponerse nerviosos. En la madrugada se hacía presente en la zona la Comandancia de Marina mediante varios de sus efectivos, comenzando la búsqueda por tierra -por mar era imposible dado el estado que presentaba ésta- y se peinaba la costa hasta las inmediaciones de Favàritx. Participaba en la misma un vehículo todoterreno facilitado por el propietario de la finca, que había dispuesto todos sus medios a disposición de la expedición. Un grupo de soldados del Ejército de Tierra que pertenecían a la Posición de Favàritx tomaron parte igualmente en la búsqueda. Ésta resultaba tremendamente difícil debido a lo abrupto del terreno y a la oscuridad reinante pero, serían aproximadamente las tres de la madrugada, cuando era localizado flotando sobre las aguas el cuerpo sin vida de Juan Riudavets, que presentaba numerosas heridas en el rostro y otras partes del cuerpo debido al roce contra la gran cantidad de rocas existentes en ese tramo de costa. De los otros tripulantes desaparecidos fue imposible hallar resto alguno, aunque aparecieron los remos, el mástil y el timón de la embarcación. El cadáver recuperado había sido hallado en las inmediaciones del Arenal de s’Enclusa, por lo que se dedujo que habría alcanzado la costa a nado, aunque debido a la oscuridad habría quedado a merced de la violencia de las olas, las cuales le habrían precipitado sin defensa posible alguna contra las numerosas rocas que la pueblan. El día 12 debían de reanudarse las operaciones de búsqueda pero la tramontana se había asentado ya fuertemente y daba al traste con todos los planes de la organización. La mar se encontraba entre fuerte marejada y gruesa y no hubo ninguna embarcación que pudiera acercarse al lugar de los hechos. Participaron, eso sí, aviones del S.A.R. que estuvieron peinando la zona con resultado negativo, debido a las diversas rompientes de las olas que impedían totalmente la visibilidad de cualquier objeto que pudiera flotar en la superficie de las alborotadas aguas. Aún aparecieron en los siguientes días otras partes de la embarcación como los cuarteles, aunque no lo haría ninguna parte del casco, por lo que se le suponía hundido y conservado entero posiblemente lleno o cubierto de arena. Se especuló al principio con la posibilidad de que alguno de los desaparecidos pudiera estar atrapado por los aparejos de la embarcación, puesto que los otros habían estado nadando intentando alcanzar la costa tras quedar en el agua, sin embargo nunca serían localizados. Y llegó el momento de obtener el alta médica y de regresar a Alaior. Aquí comenzaba un nuevo calvario para el bueno de Palliser. Mientras recuerda esos momentos se le enturbian los ojos, se le atraganta la voz… apenas puede pronunciar las palabras. Son unos recuerdos muy fuertes que se le refrescan desde entonces cada año cuando se aproxima esa terrible fecha del calendario: “Personalmente informé a las tres familias. Aquello resultó amargo. Tremendamente amargo. Fui a dar la cara y a explicar lo sucedido a todas ellas. Es inenarrable…”. Después intentó por dos veces localizar la embarcación contando con el concurso del bou “Rosa Santa”, siendo finalmente hallada reposando en el fondo completamente adrizada y semicubierta por la arena. Incluso a los diez o doce días intervendría el buque de Operaciones Especiales de la Armada Española “Poseidón”, a instancias del Comandante de Marina, reconociendo el lugar escafandristas de la Armada, aunque el barco no podría acercarse al lugar en que se encontraba la embarcación debido a la existencia de muchos bajos y peligros que impedirían la movilidad y pondrían en dificultades al buque. Otras expediciones estuvieron investigando la embarcación, descartándose finalmente la posibilidad de que hubiera quedado alguien atrapado en la misma. Palliser, que fue atendido en su momento por el doctor Quadrado, recuerda una significativa frase pronunciada por éste: “Si te gusta la mar y no vuelves pronto a ella, no lo volverás a hacer jamás…”. El hombre volvió, y continúa navegando, pero aún sigue sintiendo un fuerte nudo en su interior cuando pasa por la zona. En cierta ocasión fue a pescar de noche con su cuñado y otro compañero obladas “a la ronsa” cerca del lugar de los hechos: “Aquella noche lo pasé muy mal. Allí mismo donde años atrás sucedió todo, de noche, mal…muy mal”. También ha vuelto por tierra en varias ocasiones a Mongofra Nou, algunas  acompañado de sus familiares, y una vez allí, repasó y les explicó paso a paso todo lo sucedido: “…y es que subir al Sivinar es muy difícil ¿verdad?, por aquella fuerte pendiente de arena… No sé cómo lo logré pero la suerte fue conseguirlo y una vez arriba descubrir las luces de las casas. Pasé por sitios realmente difíciles yendo a parar al suelo en diversas ocasiones; daba un rodeo y volvía a pasar por el mismo sitio sin darme cuenta y ¡volvía a caer en el mismo punto! Se dice que un burro si tropieza en un sitio no vuelve a hacerlo más. Yo lo hice en dos ocasiones. Quedé magullado y herido por todo el cuerpo. Me resultó más difícil el tiempo que estuve en tierra que en el agua. Estoy convencido de que Dios me ayudó en esos momentos, y que pude hacer acopio de una gran serenidad… Juan Riudavets era el marinero auténtico, quien mejor se desenvolvía en la mar, nadaba y conocía la costa. Quizás fuera a él a quien debía de haberle sonreído mejor la suerte. Y es que aquello resultó realmente muy fuerte y cada año, al acercarse el 9 de enero, tres días antes y tres días después lo paso francamente mal. Años atrás era muchísimo peor; ahora han transcurrido ya varias décadas desde aquella fatídica noche. La verdad, auténtica verdad, es que ese día volví a nacer. Incluso, en ocasiones, suelo decir en plan jocoso que he cumplido veinte, veintiún, veintidós años…”.

> 2.20 15-05-1976 “Begoña”

Al atardecer el 15 de mayo de 1976 tenía lugar un serio abordaje en la bahía de Ciutadella por parte de un buque destinado a la navegación de cabotaje a una embarcación de recreo con el resultado de una víctima mortal. Serían aproximadamente las seis de aquella tarde cuando los ciutadellencs José Pons Cavaller y Luis Marqués Sastre, suegro y yerno respectivamente, tras largar las amarras se hacían a la mar desde el puerto de Ciutadella en la embarcación del segundo, “Begoña”. La idea era la pesca de calamares, una modalidad muy extendida y apreciada entre los aficionados menorquines. Y cuando se hallaban pescando frente a la bocana del puerto, entre Es Bol des Gerret y Ets Massos, frente al edificio del hotel Farragut, salía del puerto el buque carguero “Playa Real”, perteneciente a Náutica Menorquina, en viaje regular con destino a Barcelona. No se conocen a ciencia cierta las causas, pero el barco, una vez fuera de puerto, viró hacia estribor en demanda del Cap de Banyos para después remontar rumbo N. Hasta aquí todo es normal. Eran poco más de las siete de la tarde y el tiempo era espléndido. El hecho es que al virar hacia estribor pusieron rumbo directo hacia donde se encontraba la barca “Begoña” sin que nadie se percatara de su presencia. Al ver que el barco se les venía encima, el tripulante más joven, Luis, se tiró sin pensarlo al agua logrando apartarse de la derrota del mercante. El más veterano, José, parece ser que intentó a la desesperada arrancar el motor de la embarcación a fin de apartarse de aquella mole que se les venía encima, pero no lo logró. El carguero abordó de lleno a la embarcación pasando sobre la misma y su tripulante. La proa del barco le desnucó, clavándosele además uno de los toletes de los remos en el costado. Tales heridas le causaron la muerte al instante. Nadie a bordo del “Playa Real” se dio cuenta de lo sucedido y el buque prosiguió su derrota hasta llegar a su destino en donde el patrón sería informado de los hechos. Al parecer se encontraban en el puente de gobierno tres hombres y ninguno de ellos reconoció haber observado anomalía alguna. Sin embargo, ante la evidencia de los hechos, reconocerían que pudo ser debido a los reflejos del sol existentes a aquella hora. Los familiares se preguntaban al saber la posición de la tripulación del mercante si quienes estaban obligados a vigilar por la proa “miraban el cielo o el mar…”  Había en aquellos momentos en la costa un vecino, parece ser que apellidado Ponsetí, que presenció todo lo acontecido durante el accidente, corriendo a ayudar a los náufragos pero por José Pons Cavaller nada ya se podía hacer.

> 2.21 24-05-1976 “Aspara”

Durante la noche del  24 de mayo de 1976 navegaba en demanda del puerto de Maó el yate a motor “Aspara”, en un viaje charter cual era la actividad a la cual estaba dedicada la embarcación. Es, como se ha citado, de noche y el capitán identifica la bocana por las boyas rojas y verdes que limitan el canal de entrada. De pronto, una conmoción seca y muy dura deja el barco totalmente parado, al propio tiempo que queda en una posición sensiblemente escorada. El accidente ha ocurrido tan de improviso y con inusitada violencia que el barco ha quedado tan maltrecho que nunca más podrá abandonar su lecho de muerte, constituido por la llamada Llosa de Fora, situada en la banda de la Mola. Tras los primeros momentos de estupor y confusión el capitán tomaba el micro de la estación de radio de a bordo y lanzaba un SOS por Onda Media en demanda de auxilio para rescatar a los numerosos pasajeros y tripulantes que viajaban a bordo. No tardaron en aparecer en el lugar del siniestro varias embarcaciones pertenecientes la Estación Naval que, a pesar de sus esfuerzos no lograrían su intento cual era reflotar la embarcación, tras haber embarcado a bordo tanto a tripulantes como pasajeros. Tomó entonces el mando de las operaciones de salvamento el práctico del puerto, contando con la colaboración de dos barcas del bou de reconocida potencia en sus motores, que se pondrían a trabajar seguidamente, pero también resultarían vanos todos sus intentos puesto que la situación del barco, que tenía su casco de madera, era la de encontrarse literalmente clavado en el agreste lecho de roca del temido bajo. Todo hacía preconizar ya la pérdida total del mismo, ante la inminencia de la entrada de un temporal de tramontana anunciado que, por descontado, haría aumentar en gran medida la fuerza de las olas. El siguiente paso fue descargar todo lo que fuera posible junto a los equipajes de los pasajeros y efectos personales de la tripulación, siendo trasladados todos a tierra. Sería el propio capitán del yate, Mr. Sarazin, quien manifestaría en el momento de desembarcar que no logró identificar suficientemente las boyas de entrada, acercándose demasiado a la costa de la Mola, hasta topar irremediablemente con la conocida laja Llosa de Fora. Se dijo también en su momento que el accidente fue debido a una confusión entre las boyas verdes, no determinando la que identifica el bajo del accidente y confundiéndola con la que marca la laja Llosa de San Felipet, por lo que forzosamente tuvo que poner su proa directa al primero de los peligros, que serviría para poner trágico e inesperado fin a la existencia de la nave. No era, sin embargo, la primera ocasión en que Mr. Sarazin visitaba el puerto mahonés, sino que lo hacía por sexta vez, lo que hace aún más incomprensible el desenlace de los hechos. El “Aspara” medía 36 metros de eslora y 5,5 de manga, llevando a bordo el día del accidente 17 pasajeros de nacionalidad francesa, que serían alojados provisionalmente en los salones del Club Marítimo de Mahón, entidad que ofreció toda su ayuda desde el primer momento. El yate terminó por hundirse totalmente destrozado víctima de los temporales que suelen barrer la bocana del puerto. Se dijo que, previamente, habían desaparecido todos los objetos útiles de su estructura e interiores.

> 2.22 03-07-1977 “Sagitario I”

CALES MORTS. AL FONDO, EL BAJO "SA NAU"

El domingo 3 de julio de 1977 naufragaba frente a las accidentadas e inhóspitas costas de Cala Barril, (según datos oficiales), el yate de recreo tipo Aresa denominado “Sagitario I”, de 14 toneladas de desplazamiento y con un valor que oscilaba alrededor de los diez millones de pesetas. El barco se encontraba a una media milla de la costa y al través de la Illa de ses Bledes. Iban a bordo 6 personas, que no sufrirían daño alguno. Su propietario era don Juan Vidaurreta, quien a su vez lo había alquilado al vecino de Palma de Mallorca don Miguel Vilanova. La reconstrucción del accidente comienza por la salida del barco desde el puerto de Fornells a las cuatro de la tarde, para poner proa tras rebasar el Cap de Cavalleria, rumbo a Puerto Pollença. Gobernando la embarcación el propio señor Vilanova, llevaba a bordo como marinero a don Juan Bennasar y a cuatro pasajeros amigos suyos. Tras una hora y media de navegación, la embarcación topaba violentamente contra unos escollos y quedaba hundido parcialmente en cuestión de pocos minutos. Como resultaba imposible poder continuar, sus tripulantes botaron la balsa de a bordo embarcándose todos en la misma y en estas condiciones comenzaron a navegar hacia tierra. Al poco tiempo acudía en su auxilio la embarcación denominada “Balsbals”, la cual se encontraba en las inmediaciones del lugar del suceso. Tras recoger a los náufragos, en lugar de desembarcarlos en tierra allí mismo, los transportó hasta el puerto de Ciutadella, a donde llegarían sobre las siete y media de la tarde. A su llegada, el señor Vilanova achacaba el accidente a un infortunio. Confiaba en que la embarcación pudiera ser reflotada puesto que el yate no se había hundido del todo y velaba en el agua una parte de su proa. El barco, de 14 metros de eslora y construido en tablero impermeable marino como era típico en ese modelo de embarcación, no pudo ser recuperado y se destrozó víctima de los temporales con las numerosas rocas y bajos existentes de la zona.

CALES MORTS. LOS RESTOS PERMANECIERON DURANTE MUCHO TIEMPO

El hecho es que se hablaba de que parecía poco probable que la navegación del “Sagitario I” transcurriera directa desde la salida del puerto de Fornells hasta el lugar del accidente, a la par en lugar insuficientemente precisado. El modelo de Aresa que nos ocupa navega bastante rápido a velocidad de crucero, por lo que en hora y media debería de encontrarse mucho más a poniente del lugar del suceso, si no llegado a Ciutadella. Se especulaba con que los hechos tuvieran lugar contra el escollo conocido como Sa Nau, situado frente a las Platges de Binimel.là, bastante separado de tierra puesto que los restos de la embarcación permanecieron varados durante bastantes años en el punto conocido como Cales Morts, situado entre Cala Pregonda y las mencionadas playas

> 2.23 04-08-1977 Catamarán

En la madrugada del 4 de agosto de 1977 fueron avistadas desde diversas casetas y viviendas de la Urbanització de Punta Prima, del término municipal de San Luis, varias bengalas luminosas que eran lanzadas desde alguna embarcación que se situaba en las inmediaciones de la Illa de l’Aire, evidentemente, en situación comprometida o de peligro. Algunos vecinos pensaron incluso que podía hallarse embarrancada. En primer lugar se hizo a la mar la embarcación neumática de la Cruz Roja que tiene su apostadero en la mencionada playa, a la que siguió un grupo de submarinistas a bordo de otra embarcación perteneciente a la Escuela de Submarinismo también existente en dicha playa. Tras alcanzar la embarcación que lanzaba las señales luminosas la abordaron, comprobando que no se hallaba embarrancada, sino que iba a la deriva merced a una grave avería sufrida en sus motores. El barco enarbolaba bandera francesa y se trataba de un catamarán tripulado por dos hombres que trataban infructuosamente de fondearlo. Al poco tiempo llegaban al lugar varios miembros de la Comandancia de Marina de Menorca tras haber sido alertados por la Guardia Civil que, tras asegurar convenientemente la embarcación mediante dos anclas trasladaron a sus ocupantes a tierra firme. A primeras horas de la mañana siguiente partieron los tripulantes y varios miembros del equipo de rescate que habían colaborado la noche anterior dispuestos a recoger el barco para remolcarlo hasta el puerto de Maó. Cuál no sería su sorpresa al comprobar que una de las dos anclas se había soltado tras haber sido entalingada en cubierta yendo a parar todo el aparejo al fondo del mar. Los dos tripulantes subieron a bordo con el fin de preparar el barco para ser remolcado para lo cual tenían que levar el ancla que les quedaba. Al ir a iniciar la maniobra observaban estupefactos que la misma también se les iba irremisiblemente al fondo, quedándose sin equipo de fondeo. Poco tiempo después llegaban dos embarcaciones de pesca con base en Es Castell dispuestas a realizar el remolque hasta Cales Fonts, donde quedaría fondeado el catamarán con vistas a la reparación de sus motores.

> 2.24 13-11-1977 “Orión”

CLASE VAURIEN

En la tarde del día 13 de noviembre de 1977, varios residentes de la Urbanització S’Algar, del término municipal de Sant Lluís, observaban las evoluciones algo anormales de una embarcación de vela ligera tipo Vaurien que parecía alejarse cada vez más de la costa de Menorca. Se encontraban a bordo dos tripulantes y no era precisamente normal que, con el cariz que iba tomando la mar poco a poco, se aventuraran a navegar en esas condiciones. De hecho, parecía claramente que la embarcación tenía dificultades puesto que tan sólo llevaba izado el foque. En aquellos momentos su situación era de 110º a una distancia de más o menos tres millas de la costa. Como se observara que la embarcación continuaba alejándose, varios vecinos que lo habían estado observando decidieron botar una embarcación neumática, al tiempo que la mar continuaba encrespándose, y se ponían al rumbo citado anteriormente dispuestos a prestarles su ayuda. Sin embargo, debido al escaso volumen de las dos embarcaciones por una parte y a la altura que iban adquiriendo las olas por otra, muy pronto comprobarían que era prácticamente imposible conseguir resultados positivos, decidiendo sus ocupantes una vez entrada la noche regresar nuevamente a tierra. Otra embarcación, del tipo de lancha rápida tripulada por varias personas, participó también en la búsqueda, aunque desgraciadamente con idénticos resultados. Se supone que esta última se hizo a la mar una vez la Comandancia de Marina fue alertada de la situación. Quedaba la esperanza de que al amanecer siguiente, los aviones del SAR salieran en su busca y consiguieran detectar la presencia del pequeño velero rescatándolos felizmente. Con la llegada del nuevo día se conocían ya las identidades de los dos tripulantes del Vaurien, tras ser reconocido como el “Orion”, que eran su propietario el teniente del Ejército de Tierra don Santiago Maspoch y la señorita de nacionalidad norteamericana Lucy Sund quienes, al parecer, habían salido el día anterior desde el Moll d’en Pons, de Es Castell, en donde el primero tenía un almacén en el que guardaba la embarcación, a practicar unas horas el deporte de la vela del que era gran aficionado. La opinión generalizada sobre los acontecimientos se basaban en que, alejados de tierra por la brisa que iría aumentando a lo largo del día, en un momento dado pudieron haber perdido el timón de la embarcación, o pudieron haberse partido los herrajes de sujección del mismo y ahí comenzaron los problemas, al estar probado que el patrón sí conocía perfectamente el manejo de su embarcación. Tras iniciarse nuevamente las operaciones de búsqueda con la incorporación de nuevas embarcaciones entre las que se encontraban los bous “Carretero” y “Joven Josefina”, se les unía horas más tarde, el “Rosa Santa”. Sin embargo, de la pequeña embarcación desaparecida no se detectaba ni rastro. Los informes eran desgraciadamente cada vez más desesperanzadores, puesto que la mala mar iba continuando en aumento, a lo que se unían las bajas temperaturas existentes lo que hacía cada vez más precaria la situación de los dos desaparecidos por las condiciones hostiles del ambiente, así como para la embarcación por las características que iba tomando la mar, si es que aún se mantenían a flote. El temporal iba en aumento y soplaban ya rachas de 100 kilómetros por hora de NE-N. Nunca más se supo de los dos tripulantes del Vaurien “Orion”, con matrícula 5ª MH-1-513, construida en plástico y que medía 4,10 metros de eslora, 1,46 de manga y 0,52 de puntal, con un desplazamiento de 0,78 toneladas.

> 2.25 18-07-1981 “Blue Marlin”

Otro trágico accidente iba a ocurrir a escasos metros del anterior, en la zona de costa perteneciente a la finca de Mongofra Vell. El suceso comenzaba a gestarse a las ocho de la mañana del día 18 de julio de 1981, en que el yate “Blue Marlin”, de 10 metros de eslora y del tipo velero, equipado con motor auxiliar, zarpaba del puerto deportivo de San Remo (Italia) llevando a bordo como capitán a su propietario Giancarlo Camerlo, de treinta y cuatro años de edad y de nacionalidad italiana, y como tripulantes a su propio hijo Massimiliano, de catorce años y a la señorita Paola La Bruna, de diecinueve. Una vez en aguas libres, ponían rumbo a Port Cavallaire (Francia) con el propósito de repostar, reanudando seguidamente viaje hacia las Islas Baleares teniendo como primera escala a Menorca. Cuando se hallaban a media navegación se desataba un temporal del N que poco a poco iría en aumento hasta alcanzar fuerza 8 en la Escala de Beaufort, con violentas rachas de viento que les tendrían sumidos en muy poco tiempo en medio de un temporal deshecho con olas colosales que harían tomar la determinación al señor Giancarlo de conectar el piloto automático y refugiarse todos, como precaución, en el interior de la cabina del barco. Al cabo de una hora y sin que pudieran precisarse los motivos el timón quedaba agarrotado, por lo que el automático dejaba de gobernar, con el resultado de que la embarcación se atravesara peligrosamente al temporal dando violentos y peligrosos bandazos. El riesgo que corrían tanto el barco como los tres tripulantes que allí se encontraban obligó a que el capitán decidiera arriesgarse y salir fuera de la cabina en un intento desesperado de liberar como fuere el mecanismo posiblemente obstruido por algún motivo. Es de suponer que muy posiblemente no se pusiera el arnés de seguridad en un intento de solucionar cuanto antes el problema que podría acarrearles serias consecuencias. Ello explicaría el hecho de que en un momento dado, cuando una de las grandiosas olas que les rodeaban barría literalmente la cubierta de la embarcación se llevara consigo al infortunado marino, que desaparecía quedando inmediatamente cubierto por las enormes montañas de espuma que circundaban la embarcación. A partir de ese momento los dos jóvenes quedaban completamente solos en el barco, que iba totalmente a la deriva y a merced del temporal, permaneciendo de esta suerte por espacio de más de treinta horas en que la pareja estuvo aterrada en el interior de la cabina. A primeras horas de la tarde del día 19 lograban avistar tierra, lo que comenzó a darles esperanzas de salvación y a reconfortarles el ánimo, puesto que su moral es de suponer se encontraba ya completamente hundida. Pero algo les alertó en el último momento que les aterró aún más de lo que ya lo estaban: la aparición de un nuevo peligro que se hallaba en ciernes y que no era otro que la proximidad de los siempre temidos acantilados. Fue por este motivo que, de común y obligado acuerdo, con suficiente sangre fría decidían meter en el interior una bolsa sus documentos personales y su dinero, y tras colocarse cada uno un chaleco salvavidas, arrojarse al agua. Lo que vendría después sucedió ya muy rápido: el “Blue Marlin” continuó su macabra ruta empujado por la fuerza del temporal hasta estrellarse contra los acantilados, mientras los dos jóvenes, nadando con todas sus fuerzas (pero evitando agotarse en exceso, que hubiera sido peor) hasta poder alcanzar el macar de Cala en Caldés (o Pou d’en Caldés), lo que sucedería alrededor de las tres y cuarto de la tarde. Tras ser descubiertos por don Juan Perelló Sintes y doña Agueda Real Carreras, conocida su historia no dudaron en facilitarles ropa seca y comida acompañándoles seguidamente hasta Maó. Tras presentarse en la Comandancia de Marina darían cuenta de todo lo sucedido tras lo cual, un miembro de la Armada se desplazaba hasta el lugar, pudiendo constatar in situ la presencia de parte del casco, aunque ya sin la cabina y totalmente desarbolado. De los náufragos se hizo cargo la agente consular de Italia en Menorca, doña Yolanda Rizzo, quien facilitaría toda la información al Consulado General de Italia en España a fin de que comunicaran lo sucedido a sus familiares en Italia. Cuando la esposa del desaparecido capitán se enteró de la triste desgracia, voló a Menorca acompañada del novio de la joven srta. Paola. Nada más se supo del desgraciado capitán, que se supuso pereció en medio del terrible fragor del oleaje. Los supervivientes manifestaron en tierra que no se había podido lanzar ningún mensaje de socorro en su momento puesto que el temporal se había encargado de arrancar y destrozar todos los equipos de a bordo, además de otros numerosos efectos existentes en el interior de la cabina del barco.

> 2.26 09-01-1982 “Paco”

Otro suceso que ocurrió en esta misma zona tuvo lugar a altas horas de la noche del día 9 de enero de 1982, en que fueron rescatados los tres tripulantes del llaut “Paco”, con matrícula nº 1.117 de la 5ª Lista de Maó, que se hallaba fondeado a unas dos millas del Cap de Favàritx sin que tuvieran que lamentarse desgracias personales. El llaut había salido a las seis de la mañana para dedicarse a la pesca con volantín de aficionado, desde su base situada en el Port d’Addaia. Al poco tiempo de hacerse a la mar, sus ocupantes observaban alarmados que al haberse estropeado de improviso su medio de propulsión, quedaban al pairo. Decididamente empuñaron los remos con el fin de regresar a tierra bogando, pero no lo lograrían debido a la fuerte corriente y el viento contrarios que se encargaban de alejarles de la misma. Al observar que nadie había descubierto su azarosa situación y que podían irse mar adentro quedando totalmente a su suerte decidieron dejar caer el ancla y permanecer fondeados hasta que alguna otra embarcación pasara por la zona, aunque fueramn fechas en que tan sólo los profesionales navegaban regularmente, o que sus familiares y amigos, a la vista de su injustificada tardanza, decidieran salir a buscarlos. Y así sucedió, afortunadamente, puesto que sus familiares efectivamente se habían alarmado y por ello habían denunciado lo que estaba sucediendo con la falta así mismo de noticias del “Paco” a la Comandancia de Marina. Dicha autoridad disponía la salida inmediata de una embarcación de la Cruz Roja en la que embarcarían cuatro marineros de la dotación de la Estación Naval que realizaban el servicio en la altruista entidad junto con otros dos miembros pertenecientes a la misma. Para acortar distancias y ganar tiempo se decidió botar la neumática en las inmediaciones del Cap de Favàritx, convenientemente equipada y, tras localizar la embarcación, la abordaron rescatando a sus tres tripulantes los cuales se hallaban ya ateridos de frío tras las casi diez horas de mantenerse en esa trágica situación. También llegaba poco después una de las embarcaciones que habían tripulado varios vecinos de Na Macaret que, tras recuperar el ancla, procedían a remolcar el llaut nuevamente hasta su base. Por esta vez, la historia había terminado felizmente.

> 2.27 26-03-1982 “Kuliska III”

Serían aproximadamente las siete y media de la tarde del día 26 de marzo de 1982 cuando se hundía parcialmente frente al Club Marítimo de Mahón el yate “Kuliska III”, de 13 toneladas, el cual, se encontraba amarrado en el muelle. El hundimiento se consumó en apenas treinta minutos. El yate llevaba varios meses amarrado en el punto en el cual tenía fijado su apostadero. Al parecer, durante aquellos días tenía en reparación sus motores. Alrededor de las siete de la tarde comenzó a hundirse lentamente sin que al parecer nadie se percatara del incidente. No se encontraba a bordo ningún mecánico y media hora después se encontraba semisumergido, no pudiendo hundirse más puesto que la quilla se encontraba ya reposando en el fondo. El marinero que tenía a su cargo dos de los barcos más inmediatos sería el primero en descubrir el accidente, avisando de ello inmediatamente al Club Marítimo que, a su vez, daba parte a la Comandancia de Marina, que desplazó rápidamente a uno de los celadores junto con el suboficial de guardia. No tardaron en ponerse en marcha los recursos necesarios para proceder al reflotamiento del barco en evitación de males mayores. Intervino el Cuerpo de Bomberos del Consell Insular de Menorca y se contó con el concurso de una de las grúas móviles de Obras Públicas, que están al servicio de la carga y descarga de los pequeños buques de cabotaje. También intervino uno de los miembros del Equipo de Actividades Subacuáticas del Club Marítimo de Mahón, que se encargaría de pasar dos bragas por debajo de la quilla del yate. Aquel día llovía incesantemente y soplaba un viento molesto de levante. Por fin y tras dos horas de complicados trabajos se conseguía reflotar el barco. Una vez en estas condiciones y casi a nivel de flotación, la grúa lo aproximaba hasta el cantil del muelle, situándolo de costado, abarloado, puesto que su posición de amarre (y en la cual se había hundido) era la de popa. Atracado sobre su banda de estribor, se puso en funcionamiento una potente motobomba del servicio de Bomberos que achicó el agua de su interior operación que ayudaría poco a poco el reflotamiento al facilitar la labor de la grúa. Cuando estuvo correctamente a flote saltaron a su interior varios operarios que procedían a taponar los orificios de escape de los motores desmontados, lugar por el cual sin lugar a dudas había penetrado el agua. Se llevó a cabo también una cuidadosa inspección a bordo, no pudiéndose encontrar otro punto por el cual pudiera penetrar el agua del mar salvo el provocado por la ausencia de las mangueras de los tubos de escape, por lo que al pegar las olas de levante contra el muelle debido al viento, se había introducido por ellos el agua vaciando en el interior del barco. El yate era de bandera española y tenía una eslora de 13,5 metros por una manga de 2,5. Afortunadamente todo se limitó a un buen susto.

> 2.28 25-04-1982 “Rallina”

TEMPORAL DEL SUDESTE EN LA COSTA DE MENORCA

A las tres y veinte de la madrugada del domingo 25 de abril de 1982 un fortísimo golpe de mar hacía volcar a un velero italiano que se encontraba luchando contra el temporal desde hacía varias horas cuando se encontraba a 180 millas de la isla de Menorca. Se trataba del velero de 11 metros de eslora denominado “Rallina”, en navegación hacia el puerto francés de Toulon, tras haber zarpado desde las Antillas, en América Central. El viento N de más de 70 kilómetros a la hora había logrado levantar olas de más de 7 metros de envergadura que impedían la libre navegación del barco puesto que, si izaban las velas de proa, tenía como resultado el que hincaba fácilmente el morro en el agua; de izar la mayor, aunque fuera rizada, el barco orzaba con la peligrosa tendencia a tomar una fuerte escora. Por ello, vista la complicada y delicada situación en que se encontraban, los cuatro tripulantes que se hallaban a bordo tomaron la decisión de que tres de ellos se encerrarían en la cabina mientras que el cuarto vigilaría la cubierta y achicaría en lo posible el agua que llenaba continuamente el cockpit. El llamado Marco sería el primero -y el último- al que tocaría esta labor. Una vez asegurado convenientemente con un arnés al barco por si un golpe de mar lo lanzaba fuera del mismo con el consiguiente peligro de ser arrastrado, cazó el timón todo a babor, de donde provenía el temporal y comenzó a llevar a cabo su penosa labor. No pasaría mucho tiempo cuando una formidable embestida de la mar hacía volcar la embarcación que quedaba quilla al aire. Ezio, Gilberto y Paolo, que eran los tres tripulantes que se habían encerrado en el interior de la cabina, quedaban atrapados en su encierro enmedio del gran arrebato que se produciría en su interior al pasar el suelo a ser el techo y viceversa. Volaron objetos por todos los lados, al igual que los tres hombres que por un momento, evidentemente, llegaron a perder su propio sentido de la orientación. Cuando se daban exacta cuenta de su situación se encontraban con los pies en el techo del barco. En estas condiciones los tres hombres intentaron prepararse esperando lo peor. Pero afortunadamente y aunque parezca imposible todo acabaría bien. En tierra, manifestaba Ezio: “En aquel momento, que ignoro en qué pensaba, me pareció estar preso de una situación cuya salida era imposible. Cuando nos serenamos un poco comenzamos a razonar y a buscar la forma de poder lograr salir de la cabina…” Al poco tiempo podían percibir unos golpes que se estaban dando contra el casco, lo que les recordaba a su compañero que se encontraba fuera. Y es que hasta entonces sus primeros pensamientos habían sido de temor por la suerte que habría podido acompañar a su amigo bien por haber sido arrastrado por las terribles olas que había en el exterior, bien por haber quedado atrapado mediante el arnés que debía servir para su seguridad, bajo el barco, en que podría haberse convertido por contra en trampa mortal. Pero aquellos golpes que se percibían acompasados no podían ser fortuitos, sino que los tenía que estar dando alguien y ese alguien no podía ser otro que su compañero Marco. “¡Marco está vivo!” sería el mensaje que correría por las mentes de los tres secuestrados en el vientre de su barco. El caso es que, una vez volcado el barco, sin dudarlo ni por un momento el joven había cortado inmediatamente el cabo de su arnés y tras lograr encaramarse sobre la quilla que había quedado al sol buscó la forma más práctica de liberar a sus compañeros. Lo realmente cierto es que el barco no podía recuperar su posición normal en modo alguno debido a la existencia del palo, que se había segado por su base y que con todos sus aparejos actuaba de firme contrapeso, ejerciendo una enorme resistencia que nunca podría ser contrarrestada por un sólo hombre y en aquellas condiciones de mar y viento. En vista de ello, Marco se metió nuevamente en el agua, procediendo a cortar todas las drizas tras lo cual el “Rallina”, ayudado por la mar y generando un nuevo revuelo de todo lo que había en su interior, recobraba rápidamente su posición normal y con ello podían los tres tripulantes encerrados volver a salir al exterior y reunirse con su compañero. Una vez nuevamente adrizados y conscientes de que su problema no estaba en modo alguno resuelto, los tripulantes hacían un repaso a la nueva situación que se les había creado. No habían sufrido daños de tipo personal alguno, salvo los lógicos rasguños y contusiones de rigor. El golpe había sido más bien emocional debido al susto que representó el acontecimiento: “Aquellos fueron los minutos más largos, terroríficos y espantosos de nuestra vida. Llegamos a imaginar que aquellos eran los últimos momentos de nuestras vidas…”. Los cuatro hombres se encontraban en medio de una mar dura y alborotada, con un barco sin palo y con las velas rasgadas. También habían quedado sin motor y sin comunicaciones a bordo puesto que con los golpes la radio y la desaparición de la antena con el palo había dejado de funcionar. El barco, al encontrarse sin palo, velas ni aparejos se mantenía mejor a flote y había ganado seguridad gracias a su orza. Habían perdido el palo y sus aparejos, pero también y si actuaban con prudencia dentro de las lamentables condiciones en que se encontraban habían desaparecido con ello todos los elementos que podían ayudarle a tomar balanceo y volver a volcar. A partir de ese momento se pusieron dos de ellos a achicar agua durante más de seis horas, navegando a la deriva durante más de veinticuatro manteniendo siempre la esperanza de que, en algún momento, algún buque cuya derrota cruzara aquellas aguas lo encontraría. El viento N y las imponentes olas lo estuvieron arrastrando y zarandeando a su libre albedrío. Al final, el viento comenzaría a perder fuerza, amainando hasta 30 nudos. Decidieron entonces construir un aparejo de fortuna, en el que poder colocar una vela a partir de las de respeto que aún permanecían a bordo y que les permitiera gobernar el barco. Se instaló el tangón haciendo las veces de palo, al que colocaron un foque de través de forma que pudiera utilizarse la mayor cantidad de trapo posible a falta de altura en mástil, como si se tratara de un símil de vela latina. En estas condiciones, sabían que la costa que les quedaba más cercana era la de Menorca y el puerto más accesible el de Maó. No hubieron discusiones posibles puesto que tampoco había dónde elegir, así que pusieron proa hacia el mismo y el día 27 identificaban el promontorio que más se destacaba (una vez descubierta la costa) como la Mola. Cuando se encontraron más cerca decidieron lanzar algunos cohetes de socorro con la esperanza de que alguien les viera y acudiera a echarles un remolque. Y así sucedió. Un pescador de Es Castell divisaba los cohetes y en su bote partía hacia el punto del cual había visto ascender las luces, encontrándose con los marinos italianos. Una vez a su lado les dio un cabo, procediendo a remolcarlos hasta el interior del puerto. Una vez en tierra rápidamente se recuperaron y poco después manifestaban a uno de los reporteros del diario “Menorca”: “Ha sido la vuelta del infierno…” (Gilberto). “He vivido los cinco minutos de mayor terror de mi vida…” (Ezio). Es necesario precisar que Ezio era también el patrón del precioso yate protagonista de la terrible aventura. El velero quedó amarrado en el muelle Comercial, frente a donde se ubicaba por aquel entonces la Comandancia de Marina, poniendo toda la ropa posible a secar al sol, mientras que los cuatro se afanaban en devolver las cosas a su lugar. Aquello había sido igual que una guerra. En unos pocos segundos la terrible fuerza de la mar les había desbaratado el barco por completo. Ahora la idea, tras realizar las reparaciones tan obligadas como necesarias, era la de proseguir su derrota en demanda del bonito puerto de Toulon. Y, como buenos marinos, se pusieron todos desde el primer momento manos a la obra.

> 2.29 08-08-1982 Velero

LA ORZA ARRANCADA Y CLAVADA ENTRE LAS ROCAS

Otro accidente ocurrido en estas latitudes tuvo lugar en la mañana del 8 de agosto de 1982, cuando un yate a la vela que se encontraba fondeado, tras pasar la noche, en la Platja des Bot (Cala Algaiarens) de Ciutadella, sería sorprendido por un fuerte temporal de tramontana que lo hizo garrear lentamente hasta la costa para hacerlo estrellar contra las rocas allí existentes. No ocurrieron desgracias personales, puesto que sus tripulantes habían desembarcado a tierra la noche anterior al observar que el temporal iba en aumento y sus garantías personales de seguridad a bordo se veían seriamente amenazadas. Tanto la nacionalidad del barco como de sus tripulantes era la alemana, y la embarcación había sido alquilada días antes por quien actuaba de patrón, Dieimar Zundel y su familia en la vecina isla de Mallorca. Al saltar a tierra procuraron salvar todos los equipos electrónicos del barco, así como los efectos personales, siendo ayudados en estas operaciones por diversas personas que se encontraban en la zona. Las características del barco siniestrado eran 11,56 metros de eslora, 3,20 metros de manga y 1,82 metros de puntal, estando equipado con un motor auxiliar para la maniobra de 20 caballos de potencia. La orza del velero permanece aún fuertemente empotrada entre las rocas en el margen W del denominado Puig des Tremolor (Cala Algaiarens).

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Un comentario en “PARTE TERCERA: MARINA DEPORTIVA (1)

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